El flamenco es un arte y pertenece a los artistas. Lo demás, es un exudado de su propia condición.

sábado, 3 de marzo de 2012

EL CORRUCO





   Entra en la taberna, y no da los buenos días, aunque esté llena de gente. Su entrada más habitual la hace mirando a las paredes, cubiertas con las imágenes de mi devoción. ¡Luisillo, qué te gusta un santo! Llama así a los crucificados, nazarenos y dolorosas, sé que, más por fastidiarme que por otra  cosa. Yo le sonrío siempre, gajes del oficio, aunque por dentro me esté acordando de sus muertos.
   Contemplo siempre el perdón cristiano cuando me ataca, aunque a veces mi “venganza” consiste en cantarle una saeta por lo bajini o dar volumen a la marcha que suele estar sonando en estas fechas en mis altavoces.
   El “target”  que por tradición hemos heredado del corruco se difumina en algunos o casi todos los casos porque hoy ya nadie es así. ¿Nadie? Este del que hablo lo identifican perfectamente los que han pegado el oído al paso del Señor de la Vera Cruz y han escuchado el blando susurro de los rezos de sus costaleros, o aquellos otros que desde las aceras de Sor Ángela han vibrado con los fascinantes cánticos de las hermanitas de la Cruz, o han entendido el triunfo de la cruz sobre la muerte viendo atravesar la luz por el teclado sin son de los costillares de la canina y luego escuchan a este (estos, que abundan) personaje hablar de los “santos”.
   El corruco con marchamo puede haber nacido en Triana, de hecho conozco allí un buen número, aunque la norma revela, con sus lógicas excepciones, que no es nacido en Serva o aunque lo fuera, su familia no, pero también hay muchos y muy buenos cofrades foráneos, que se han aclimatado a nuestras tradiciones. Esos suelen serlo más que nosotros mismos. Y su discurso, bueno, pero no como el de Rodríguez Buzón:
Si alguien te alza la mano
o te ofende, Gran Poder,
te juro Dios Soberano
que ése no pudo nacer
bajo el cielo sevillano

   Siguiendo con el mío -mi particular calvario-, a veces tengo en cuenta su licenciatura, aunque entiendo que el corruco es de fábrica, y que no sólo hay corrucos analfabetos, también hay corrucos directores de sucursal, empresarios, grandes poetas y gente de ciencia que no ha mamado esto.
   Mi frustración consiste en no entender no por qué no comparte mis devociones, sino por qué las desprecia.


MIÉRCOLES SANTO, LA PAZ


Me das la Paz, concebida

de tu vientre, por la herencia

del Redentor de los hombres…

¡esa es la paz verdadera!

que para darnos su paz

nos regaló su existencia,

se hizo hombre en Sevilla

y sin soltar una queja,

fue entregado por nosotros

la noche de las tinieblas.

Nadie se quedó contigo,

todos cogieron la puerta,

¿Dónde están tus seguidores?

¿Tus partidarios desertan?

Ya ninguno te conoce,

¿No hay nadie que te defienda?

El gallo cantó tres veces,

y aquel que te ama, te niega…

¡Qué sólo, Padre, qué sólo

tus discípulos te dejan!



Y sin embargo al mirarle

una sonrisa le entregas

desahogando su pecho,

aliviando sus tristezas,

y liberando su llanto

en crecida torrentera.

Llora, San Pedro, y descarga

el peso de tu conciencia,

Llora, San Pedro, y no tires

el fruto de tu cosecha,

que estás llamado a ser grande,

el pastor de sus ovejas

porque El un día te hizo

piedra angular de tu Iglesia,

para que aprendan los hombres

a perdonar las ofensas

y amar a sus semejantes

sin esperar recompensa.



Esa es la paz que queremos,

¡esa es la paz verdadera!

no paz de gastar saliva

diciendo palabras huecas,

predicando y dando trigo,

¡esa es la paz verdadera!



Es la paz de Jesucristo,

parsimoniosa y serena,

que se forjó con su ejemplo

y su amor sin exigencias,

cultivando su doctrina,

¡esa es la paz verdadera!



Ayudando a los humildes,

perdonando al que me ofenda,

acogiendo al inmigrante

como si familia fuera,

tratándoles como hermanos,

y cantando las cuarenta

a quien su origen  ofende,

o a quien su color desprecia,

dándole la paz del alma

como si en casa estuviera,

y tener misericordia

con los que sufren condena

dentro o fuera de la cárcel,

que algunos pagan su pena

en la celda de la droga

o en un vaso de ginebra.



¡Déjame, Padre, seguirte;

quiero tu paz verdadera!,

repartirla entre los hombres

renunciando a mi soberbia,

y derramarla a los vientos

para que todos entiendan

que esa paz es… tu legado,

que esa paz es… tu promesa

¡¡un mundo nuevo de hombres

que aborrecieran la guerra!!



y a Nuestro Padre Jesús,

cautivo en la calle Feria,

pedirle la paz del mundo,

pura, cierta y sin quimeras:

la paz que nos enseñaste,

¡esa es la paz verdadera!

José Luis Tirado Fernández

viernes, 2 de marzo de 2012

VIERNES SANTO, EXPIRACIÓN


Cumpliendo fiel su promesa,

cada viernes por la tarde,

olvidaba sus dolores

para venir a rezarle;

no le importaba la lluvia,

ni oía consejos de nadie,

apoyado en su bastón

y derrochando coraje,

su calle de la amargura

era Castilla adelante,

hasta llegar al Calvario

que aquí llamamos Zurraque.



No te calles, llamador,

y suena sobre mis carnes

el metal de tus latidos,

que solo con escucharte,

voy resucitando un tiempo

lejano en el almanaque,

pero fresco en la retina

y almacenado en mi sangre;

inspira con tu sonido

a quienes van a empeñarse

en asumir el relevo

para seguir adelante,

en la devoción de antaño,

lo que veneramos antes,

la generación futura

que está presente en el aire.

Aún recuerdo con cariño

lo que me enseñó mi padre:

el que no quiere al Cachorro

no puede querer a nadie.

No te calles, llamador,

y suena por todas partes,

en las plazas y en los patios,

en ambientes familiares,

en rincones y tabernas,

en mercados y arrabales,

que suene tu voz de bronce

en los barrios y en las calles,

que vuelvan a mi memoria

cariños devocionales

de pasiones y de entrega,

y de enseñanzas cabales.

Cachorro, tú, para siempre

bendita siempre tu madre,

que bajó hasta el Patrocinio

para poder alumbrarte,

en esa Triana pura

que aquí llamamos Zurraque.


José Luis Tirado Fernández

jueves, 1 de marzo de 2012

viernes, 17 de febrero de 2012

LAS HERMANDADES APÓCRIFAS DE SEVILLA


    Dentro de nuestro mundo cofrade, y considerando las nuevas formas que éste, desde mediados del XX hasta nuestros días va adoptando -capítulo aparte merece y sería digno de un estudio pormenorizado, aunque creo que alguien ya lo está haciendo-, no sólo han proliferado las hermandades de barrio, establecidas y consolidadas alrededor de una imagen de Cristo (preferentemente un cautivo), o bien la honrosa excepción de alguna instaurada en pleno casco antiguo, o también el caso muy particular de alguna hermandad creada a partir de una devoción antigua que, según sus reglas nuevas se trata de aquella otra extinguida u olvidada en los anaqueles de los archivos de una vetusta parroquia, sino que se dan otro tipo de "hermandades" que han ido apareciendo de manera espontánea y que son coetáneas a estas otras antes mencionadas.

       Estas otras hermandades a las que voy a referirme no tienen reglas, cultos, Hermano mayor, Juntas de gobierno ni sede canónica. Están en la calle, algunas viven y mueren en los bares, y otras se desarrollan en Cuaresma y mueren el Domingo de Resurrección, con el último golpe de tambor en Santa Marina.

       Puede tratarse de gente que se “colegia” para desarrollar tal o cual actividad siempre a tiempo parcial, que se trata personalmente únicamente en esas fechas y que se olvida con la facilidad de la lectura del termómetro hasta el año próximo. No conozco todas las que son, pero sí hablaré de las que están, y de las que conozco, y a las que pertenezco.

       Igual que los costaleros y capataces -o cada uno por su lado- mantienen un mundo propio y distante del sentido catequético y evangelizador que preconizan las Santas Reglas de todas las Hermandades, es verdad y tengo que decirlo, que conozco a muchos costaleros comprometidos con esas premisas, núcleo fundamental de la propia existencia de estas corporaciones religiosas, también grupos de afinidad en artes o disciplinas relacionadas con la Semana Santa, de igual manera consonantes -o no- con los fines para los que fue concebida, se reúne alrededor de esas actividades sin ningún ánimo de lucro y sin otra intención que la de satisfacer unas inquietudes que a muchos sirve (nos sirve) para llenar un vacío intelectual o artístico que, lejos de este ambiente sería difícil de satisfacer.

       En el mundo de la saeta debería hacer un apartado entre grupos de saeteros que se relacionan a través de un conocimiento personal de muchos años, porque suelen encontrarse en eventos organizados por Colegios profesionales, asociaciones, Distritos, o por las propias hermandades, y otro distinto y distante, el formado por alumnos de cursos impartidos en talleres de centros cívicos, grupos parroquiales o incluso dentro de una hermandad. Dentro del primer grupo, aunque de todo hay en la viña del Señor, se pueden encontrar grandes saeteros y siguiriyeros cabales; dentro del segundo es más difícil, aunque también los haya. En ninguno de los dos, existe una estrecha relación con el flamenco. Se canta en cuaresma y en Semana Santa, y hasta luego. ¿Canta usted por soleá? ¿malagueña? Alguno, un fandanguito de Huelva, otro más avanzado, un cante de Caracol, la mayoría, ná de ná, sólo saeta. Cuando se escucha a un gitano asomado a un balcón extender la mano a un Nazareno y acunar una siguiriya, se le rizan a uno todos los pelos del cuerpo. Ese no pertenece a ninguno de los dos grupos, pero tiene flamenco y sentimiento. Y sabe.

       Otra muestra de “hermandad” sería la de los pregoneros. No me refiero a la “gauche divine” de los que han subido al atril del pregón de los pregones, el que hoy se da en el Teatro de la Maestranza. No sé si mantienen reuniones periódicas entre ellos, creo que sí; en una ocasión me invitaron a cantar en un acto en el Mercantil y allí estaban al menos ocho de estos pregoneros, elegidos por el Consejo en función de su calidad literaria (los menos), por su impacto social o por la cuota debida a las hermandades y a las relaciones de cordialidad entre el Consejo, que a su vez es elegido por sus miembros, y los  cofrades que manifiestan su deseo de dar el pregón de Sevilla, esos, sin calidad literaria -salvo algún caso aislado- y sin impacto de ninguna clase. Además, pasa la cosa por el tamiz del arzobispado, aunque la práctica totalidad pasa.

       Los que acudimos a pequeñas asociaciones literarias, de vecinos, iglesias,  clubs, colegios y hasta tertulias, tenemos relaciones que, al igual que los saeteros se limitan al tiempo de pasión y poco más, e incluso nos avisamos de dónde hacerlos el año próximo. Cuando nos vemos, nos roneamos: “Este año tengo dos”, pues yo tengo tres, y además me han encargado para el año que viene el de Matalascabrillas del Duque, y así vamos viviendo el año a año pregoneril, con la ilusión de que un día nos llame Manolo Nieto y nos haga el encargo. ¡Qué largo me lo fiais!



“… el talento no es nada, (…) el talento abunda. (…) lo que importa es el trabajo duro.” (Charles Chaplin, según su hija Geraldine Chaplin.)



José Luis Tirado Fernández


sábado, 11 de febrero de 2012

LUCERO TENA, LAS MANOS DEL VIENTO


La gracia de tus manos, vendavales

del cielo, que a la tierra venturosas

primaveras descienden. Luego, ociosas,

se asoman por los amplios ventanales



del proscenio, trocando en diez varales

tus dedos,  para un palio en primorosas

mecidas, arrojadas, caprichosas

travesías por auroras  boreales.



Los trinos de tu alma me enardecen,

invaden  mis sentidos, me parecen

sombrillas de elegantes damiselas,



y tú, grácil  mujer, cisne rampante,

ceñida de Gabriel y de su cante,

haces llorar de amor tus castañuelas.




José Luis Tirado Fernández

sábado, 4 de febrero de 2012

LAS HERMANAS DE LA CRUZ

Palomas de hábito tosco
 de calle en calle volando
 y de sus manos dejando
 el mejor don que conozco,
 que allí donde está sangrando
 la herida que necesita
 de vuestra mano bendita,
 alcanza apoyo y favor:
 la señal de vuestro amor
 a aquel que la solicita.

Obstinadas criaturas
 que trocáis lo malo en bueno,
 pues si el cielo inventó el trueno
 vosotras ponéis ternura
 con ese porte sereno
 donde ruge la tormenta,
 pues vuestra entrega sustenta
 la paz para muchas almas,
 entregáis de vuestra calma
 paz que al anciano apacienta.

La gloria os tiene presentes
 debajo de la toquilla,
 lleváis metida a Sevilla
 como devoción ferviente
 y ella dice en seguidilla,
 que sois ángeles del cielo
 convertidos en pañuelo
 para empañar la amargura,
 y lleváis más que dulzura
 al cendal de vuestro velo.

Como siempre hacen el bien,
 el cielo nos las devuelve,
 y aunque la duda resuelve
 todavía hay para quien
 nunca al origen se vuelve.
 Si Dios es luz, también vida,
 y el día que me la pida
 es porque antes la dio
 ¿La puedo administrar yo,
 aunque nada me lo impida?

Yo quiero seguirlas viendo
 revolotear sus calles,
 por no perder el detalle
 de lo que van adquiriendo
 en la humildad de su entalle,
 por los sentimientos bellos;
 y compasión por aquellos
 que no creen en el mañana:
 no lo dudo, las campanas
 están doblando por ellos.

 
José Luis Tirado Fernández

CONOCIMIENTOS MUSICALES QUE AYUDAN AL CANTE

                No es preciso que un cantaor  sepa solfeo o haya estudiado piano o armonía para cantar flamenco. El cante, en mi concepto, es algo que va más allá de lo que pueda estudiarse o asimilarse en una academia o aula de flamencología. De ahí podrán salir alumnos perfectamente adiestrados en lo que es el compás, la estructura y los tercios de cada palo, pero ¿dónde se queda el ángel?

                Antes, los cantaores no sabían explicar lo que estaban cantando. Lo cantaban y ya está. Pero lo que hacían lo habían aprendido en noches encantadas, a la luz de la candela, o en las tabernas, haciendo compás con los nudillos en la barra. Hoy, ya no se canta en los bares. La última vez que lo intenté, me miraban los clientes como si les molestara, y el dueño me pidió que dejara de hacerlo. Hay que buscar los sitios. No obstante, hubo flamencos que, apenas sabiendo leer y escribir y las cuatro reglas, tenían altas nociones musicales y gustaban de otros estilos e incluso de música clásica. Tomás escuchaba a Chopin, y era un gran admirador de su obra.

                Paco Cepero cuenta que afinaba la guitarra con la voz de Camarón. Se trata de un don que algunas personas poseen y suelen nacer con él. Es una especie de memoria psico-melódica que almacena sonidos en perfecta afinación. Una especie de diapasón interno que proporciona a la voz la nota justa que el intérprete necesita, sin necesidad de escuchar antes la referencia de ningún instrumento musical. Pero José era un genio, y no creo que actualmente haya ningún genio en activo en lo que se refiere al cante flamenco.

                Camarón, además,  tocaba la guitarra e incluso lo he podido ver acompañándose él mismo. Y no es que dominara el toque, pero distinguir mínimamente,  proporciona además al cantaor una ayuda que acompaña a sus facultades, naturales -o adquiridas mediante la técnica- y facilita la ejecución del cante. El cantaor que conoce el mástil, tiene mucho andado. Sabe el significado del toque “por arriba” o “por medio”, sabe en qué traste hay que poner la cejilla para cada palo cuando él canta. Si no conoce al guitarrista, puede decirle: “Maestro, ¿tiene usted la sonanta al cuatro cuarenta? vale, vamos a hacer un poquito de soleá al cuatro por medio”. También puede no encontrarse bien ese día y decirle al guitarrista: “Maestro, baje usted un semitono”, supongo que todas esas cosas son las que se aprenden en las academias de cante, porque yo nunca he estado en ninguna ni de visita. 
                Y yo no doy lecciones; si fuera capaz de darlas quizá viviría de eso, espero que, como cantaor aficionado, pueda aportar algo con estas opiniones, que no dejan de serlo, al desarrollo técnico e interpretativo de quien quiera escucharlas, ya que no puedo llevarle a las antiguas tabernas de Triana o a los corrales al atardecer para que, empapado en los calores de las candelas de patio, presumiera luego del duende del flamenco.

domingo, 29 de enero de 2012

RETORNO A MOGUER La búsqueda del poeta (3)

         Esta entrada, la anterior y las posibles venideras, no pretenden ser un reportaje fotográfico ni un reporte comparativo entre nuestras visitas a Moguer en dos épocas distintas, más bien pretenden ser un acercamiento al poeta, en primer lugar, a sus pagos y a su obra, con un sentimental acercamiento a Platero como raíz principal de la aproximación que todos hemos tenido hacia Juan Ramón y su mundo. 

         Llegados a la plaza del Marqués, contemplamos el monumento a Zenobia, bronce sobre una base de travertino, que contiene algunos símbolos dignos de destacar. Es obra de tres artistas, José Luis Rosado, Javier Diez, y Pablo Vallejo.

Sólo tú, mujer mía, puedes ser tranquila estrella de mi tarde, estrella inquieta de mi amanecer
     De esbeltísima figura, sostiene sobre su brazo las obras completas de Rabindranath Tagore, autor hindú que Zenobia tradujo; además, su madre también nació en la India, por lo que su conocimiento del idioma y los autores ingleses fueron factores determinantes de su trabajo. Tiene a sus pies una maleta, símbolo de la mujer viajera y universal, que emprendía cualquier actividad que le proporcionara la estabilidad económica y así hacer que Juan Ramón se dedicara en cuerpo y alma a su obra. Alquilaba pisos, los decoraba y los realquilaba a insignes inquilinos, creó una empresa de artesanía y antigüedades en Madrid, con una sucursal en Filadelfia, a donde exportaba arte y libros, así como una intensa actividad intelectual, abandonó la escritura, aunque mantuvo un diario. Fue profesora en las Universidades de Maryland y Puerto Rico.


      ¿Qué hubiera sido de la obra de Juan Ramón sin su compañera, su musa, su aliento, sus cuidados, su apoyo?

     En la misma plaza del Marqués, un azulejo recuerda que

"Era negro, con tornasoles granas, verdes y azules, todo de
plata, como los escarabajos y los cuervos. En sus ojos nuevos
rojeaba a veces un fuego vivo, como en el puchero de Ramona, la
castañera de la plaza del Marqués. ¡ Repiqueteo de su trote corto,
cuando de la Friseta de arena, entraba, campeador, por los
adoquines de la calle Nueva ! ¡ Qué ágil, qué nervioso, qué agudo
fue, con su cabeza pequeña y sus remos finos !"
Platero y yo, - XV - EL POTRO CASTRADO

Allí, lo único que rojea ahora son los indicadores de tráfico y la señal de prohibido aparcar.




         Entramos en la casa del poeta, donde vivió hasta los veinte años, 1900, en que murió su padre y se marchó a Madrid, la vimos un poco más blanca que en 1980. A pesar del cenizo del cielo, la casa lucía más lozana, igual de auténtica, pero era evidente la huella de la restauración a que había sido sometida entre 2001 y 2007, y que tuvo que ser complicada, ya que la madera había sido atacada de carcoma, desde las vigas hasta los marcos de puertas y ventanas.


         La planta de la casa es típicamente romana: el patio, y alrededor todo lo demás. En el centro, el aljibe y su brocal, donde se asoman los niños y los mayores a ver el agua limpia de su fondo. Ahora le han puesto un cristal. Arriba, la montera de cristales de colores; enfrente la presencia de Juan Ramón hecha retrato, serio, joven, con su personalidad fijada en el semblante, como sólo Sorolla era capaz de hacerlo. A la derecha, el acceso al corral, con cristales, también de colores; a la izquierda, la amplia escalera que accede a la primera planta. Hay una instalación eléctrica a la antigua usanza, como debió tenerla la casa en tiempos, no funciona por motivos de normativa, aunque por debajo corre otra que es la buena.
         En principio, y llegada la hora de la visita, nos pusieron un documental, que claro, en la primera visita no existía, en una habitación que han acondicionado como sala de proyecciones y en la que estaba, en 1980, la biblioteca. Allí, en vitrinas, un recorrido por la vida y obra del poeta, desde la primera edición de “Platero y yo” 

hasta el telegrama donde le comunicaban que había sido distinguido con el premio nobel de literatura


         En la primera planta, su despacho, con su máquina de escribir (él solía escribir a mano con una letra muy particular) y su atril. La solería, que puede apreciarse en esta foto, es casi por entero original, en las dos plantas. Los muebles pertenecen al piso que Juan Ramón y Zenobia tenían en Madrid, y que fue asaltado y expoliado durante la guerra civil.

         En el dormitorio hay muebles también traídos de Madrid, en una vitrina pueden verse el ajuar de la boda de Juan Ramón y Zenobia, celebrado en Nueva York, en la iglesia católica de St. Stephen. El certificado de matrimonio, los pasaportes, un abanico, los zapatos de raso de novia de ella y una vieja cámara Kodak con su manual de instrucciones.

         En este aposento se muestran también una vieja maleta con etiquetas de distintos destinos, y un cuadro que Juan Ramón pintó en Sevilla, durante su etapa de aprendizaje de pintura, del Cachorro, el Cristo trianero.

         En 1980 no estaba colgado allí, sino en una habitación dedicada hoy a Zenobia, donde además de fotos de su familia, enseres personales, recuerdos de su tienda, se encuentra esta vitrina, donde se muestran un jarrón de Talavera y un atrevido –para aquella época- corpiño de lentejuelas.
 

         En el corral, un poco distinto al que conocimos, la escultura en bronce de Platero, que antes estuvo en un pedestal y ahora, al alcance de los niños.


        






Y también dos azulejos con poemas de Juan Ramón
     Salimos de la casa del poeta con el regusto de haber conocido cosas nuevas, que a pesar de serlo, también agradecimos , como añoramos otras que no están a la vista o han cambiado.

José Luis Tirado Fernández