El flamenco es un arte y pertenece a los artistas. Lo demás, es un exudado de su propia condición.

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jueves, 22 de agosto de 2024

RAFAEL EL TUERTO

 

                Rafael de la Rosa Rodríguez, cantaor gitano del Arquillo, nacido en 1894, pasó su infancia y juventud en la Cava, en cuyos padrones aparece en 1920, peón del muelle, casado con Teresa Murillo López y con tres retoños, Encarnación (8), Manuel (6) y Dolores (13 meses).

 


                Como tantos otros gitanos trianeros, tras la industrialización de la alcayatería y las pequeñas piezas de fragua, se reconvirtió en peón del muelle (Manuel el Titi); pero Rafael había nacido en una casa de marineros, como consta en la profesión de su padre en el padrón de 1874, o en el de 1920 en la de su tío Antonio; así que a mediados de los cincuenta emigra a Ceuta, como así consta en el blog “El soberao de Manuel”, cuyo enlace es el siguiente:

http://soberaoflamenco.blogspot.com.es/2006/07/por-manuel-flores-narvez-la.html

En una entrada bastante documentada aunque le bailan el segundo apellido por el González; en realidad es Rodríguez. como los Cagancho. También propone como fecha de nacimiento el año 1890, aunque consta en los padrones de Triana de 1895 de edad de un año. Murió, según este blog, en 1974, después de haber vivido aproximadamente cincuenta años entre Ceuta y Algeciras, donde trabó amistad con el padre de Isabel Pantoja, “Chiquetete”, y posiblemente con Macandé, aunque su verdadera relación amistosa y artística fue con Antonio Sánchez Pecino, el padre de Paco de Lucia, el cual escribía y producía los temas de Camarón de la Isla. De hecho, Camarón grabó unas cantiñas de Rafael cuya letra modificó e interpretó con las guitarras de Paco de Lucia y Ramón de Algeciras. Las Insertamos a continuación. Por cierto la voz de Rafael, es la voz de Fillo, voz  afillá como la llaman los flamencos.





Yo soy la Contrabandista

que mete tanto ruío

cuando voy con mi marío

al Peñón de Gibraltar

 

y si me tiran tan seguío

y me encuentro en un sipisape

tiro mi jaca al escape

me voy por donde he venío

 

Por Dios te pío

por Dios te pío

que no te alabes

que te he querio.

 

                Se trata de un cantaor de los llamados transmisores, ya que por lo que se le conoce grabado, a pesar de que son estilos personales, trasminan en su voz los aires antiguos de su barrio, en el que vivió hasta los treinta años. Testimonios de cabales aseguran que era especialista en solea´, siguiriya y tangos.

                Sus dos únicas grabaciones fueron recogidas en la colección Magna Antología del cante flamenco, recopilada por D. José Blas Vega.  Este fandango personal, también lo grabó Camarón.





Enfermo en un santo hospital,

si tú por casualidad llegaras a enterarte algún día

que yo me encontraba enfermo en un santo hospital,

no te dé reparo y ven y pregunta por mi mal,

que eso había sío a causa de nuestro quere.

 

                Y no me gustaría terminar esta reseña sobre este cantaor de Triana sin referirme al apellido de la Rosa, que llevaba la madre de mi abuelo Carlos y que rastreando, he encontrado en su genealogía el nexo de su familia con la mía. Así que este trabajo, he encontrado doble satisfacción. un retal de mis raíces y escribir sobre lo que me gusta.

 

José Luis Tirado Fernández

miércoles, 20 de enero de 2021

MI ABUELITO VENDIA BORRICOS

    Ese que usted ve ahí, Paco, el trajinero, el marido de Manolita, él, de La Algaba, ella, sevillana de la Alameda, Ciegos y Peral, casados y con domicilio en Butrón 19... ¡¿Cómo, pero que dice usted?! ¿Donde vivia con su familia y dicen que nació Pastora?. Pues sí, ahí mismo, en el mismo corral, cerquita de la Puerta Osario y de San Román. Esos son mis tatarabuelos.


    Francisco, el último de la fila, el herrero, estuvo preso cuatro años por atentado a la autoridad.

    El otro, Salvador, el cuarto de la lista, ése mismo, el que se casó con mi bisabuela Rosenda, el que estuvo en Cuba y regresó forrado de oro y tenia tierras de cultivo en la Cartuja. Si, el mismo que aparece en la lista de pasajeros de la isla de Ellis en 1905, el dueño del anillo con el indio Jerónimo y sus plumas en oro y piedras preciosa ¿Dónde andará?


José Luis Tirado Fernández

lunes, 7 de diciembre de 2015

MODA FLAMENCA



                Caramba, esclamó Cecilio, ¿pues en dónde hay cosa mejor que ir vestido a lo flamenco, con chorrera y pañuelo con cintillo y chaquetilla con alamares de plata, y calzones con botonadura de filigrana y botines de estrezado… (Fragmento de Diego Corriente (historia de un bandido celebre) 1866-67, por Manuel Fernández y Gonzalez.)



José Luis Tirado Fernández 1959

José Luis Tirado Fernández

lunes, 23 de noviembre de 2015

ME DIJISTE


Que ya era llegado el momento,
que luchar, no merecía la pena.
Y me invitaste a subir a tu barca,
a cubrirme con tu túnica,
un lienzo ligero,
y a portar el farol,
 mientras que tú remabas.

Me prometiste en lo oscuro
el vaivén de los otoños,
lo confuso de la noche
y el fragor de las tormentas.
A soñar hacia atrás,
a escapar de la luz
y a buscar en los túneles la sombra.

Pero olvidaste que el sol brilla
por encima de los parques
y el sonido de sus fuentes,
que a veces atraviesa la fronda
y, fugaz, te deslumbra.

Que pertenezco a un árbol
que sustento y me sustenta,
que existo por su tronco y su corteza
y por su savia me alimento,
que por él sé quién soy
y por quién pregunto,
que las raíces también laten
y los tallos sostienen mi esperanza.

Que soy tierra,
y que a la tierra me debo,
y a mis flores.






José Luis Tirado Fernández

martes, 3 de septiembre de 2013

HEREJIA, MI PADRE Y EL NAIPE QUE NUNCA EXISTIÓ

Para Ramón Gómez del Moral


            Esta historia viene de lejos, de un tiempo en el que comer era un hecho fortuito y, por provocar esa posibilidad, se hacían cosas asombrosas. Llenar el buche era un listón cuyo desbordamiento era el goce y la satisfacción del ansia de a veces, varios días.
            El hambre le ha dado tantas páginas a las letras como golpes dan las olas en las rocas una noche de tormenta. Y cuántas picardías ha levantado el hambre. Desde las uvas de Lázaro prosiguieron la estela y rondaron, husmeando con las de Caín los pucheros que hierven  tantos miles de famélicos; que el cuerpo de la literatura no tendría esqueleto si  sus hijos no hubieran tenido la oportunidad de narrar sus cuitas. Desde antiguo, hasta el siglo de oro, hasta las hambrunas provocadas por los conflictos bélicos, hasta la posguerra de los cuarenta en España, cuántas líneas, cuánta tinta, cuántas lágrimas. Y lo curioso es que siempre nos lo hemos tirado a risa.

Herejía en la cocinilla de mi madre. Era muy aficionado a los guisos, incluso tenía una receta de arroz con tomate y cuando nos reuníamos para la fiesta, se encargaba él personalmente de hacer la comida. Es curioso comprobar cómo las cocinas en aquel tiempo tenían cerradura, porque eran accesibles desde el patio del corral y había que defenderlas. Podemos ver la llave puesta. Y es que la comida en aquel tiempo era una cosa muy seria.

SE VENDEN PASTELES

            Los trenes de aquella época no eran muy cómodos, asientos de madera, traqueteo, carbonilla, pero era lo que había y la única forma de llegar a los pueblos un poco lejanos a la urbe, ya que a los cercanos se llegaba fácilmente en bicicleta. Nos referimos a los principios de los años cincuenta, cuando España comenzaba a salir de las hambrunas a que fue sometida por la autarquía del franquismo, fechas que supusieron la secuela de aquel sin sentido. En un tiempo en el que abundaban más los piojos que los garbanzos, no debe resultar inverosímil que un simple pastel fuera asunto de los sueños de millones de españoles
            Nunca me contaron dónde compraban los pasteles, pero yo supongo que en los mismos pueblos en que los vendían. Usaban canastos de caña al estilo de los que usaba Emilio el de los mariscos. Herejía me contaba cómo iban los dos un buen día cargados con dos canastos llenos de pasteles; mientras él pedaleaba, mi padre iba detrás en  el trasportín, hasta que el cansancio le hizo quedarse dormido. Cuando se dio cuenta, frenó, comprobando que había dejado caer por el camino la mercancía. Además de vender, canasto en mano, por las casetas, organizaban rifas a la hora de más afluencia de público, en las que el premio era el canasto entero. Iban vendiendo participaciones en forma de cartas de la baraja española, para, finalmente, proceder al corte y ¿entregar el premio? Hasta ahí podía llegar la broma. El naipe premiado jamás había sido vendido. Esos pasteles eran vueltos a rifar, o se vendían en la próxima feria. Cuando se ponían duros, los sumergían en agua con azúcar, los oreaban y vuelta a empezar. Tiempos.

En esta, de mediados de los cincuenta, está mi tío Juan, en el centro, en la feria de Benacazón. Detrás de ellos, puede leerse: "Pasteles a 1´00 peseta"

TE CAMBIO UNA SOTA POR UNA BULERIA

            El de las cartas era mi padre. Siempre las dominó a la maravilla, y no precisamente eran cartas de amor. Lo he visto en la escalerilla, siendo yo pequeño, ir  desplumando a varios golfillos de la plazuela, hasta que de uno en uno, se iban retirando. Durante sus visitas a los pueblos para buscarse la vida, solían también jugar partidas de cartas, con apuestas monetarias, claro que sí. Su juego favorito era el giley, que permite una serie de rondas de envite, hecho que permite a los más aventajados “meter” en apuestas sin interés a los demás, para ir minando poco a poco sus bolsas. También hacían un juego al que ellos llamaban el “cané”, y que se jugaba mucho en la cava de los gitanos, pero ahí no llego yo; ni siquiera sé si es un juego de envite, aunque supongo que sí. Me contaban los mayores de mis mayores, es decir, de ellos mismos, que se entendían no sólo con mirarse, sino en la forma en que respiraba el otro en cada una de las situaciones que iban viviendo. Herejía intentó sin éxito enseñar bailar a mi padre; de lo que estoy seguro, eso sí, es que José sí aprovechó las enseñanzas lúdicas de su amigo.
            Una noche, tras una buena venta y la relajación propia del deber cumplido, entablaron en una caseta una partida con un gitano que también buscaba la vida de feria en feria, pero la carta que le tenía que venir al caló nunca llegaba –para eso estaba allí mi padre- y el final fue un “alégrame el día” en el  cual Herejía metió a su “primo” de cabeza dentro de un barril de agua que allí había, desatendiendo los consejos de mi bato que intentó, o eso me dijo, evitarlo. Incluso le ayudó a salir, impidiendo que se ahogase. Tampoco sé si se lo agradeció, aunque presumo que no. Otro que se quedó buscando el naipe. Y mojado.

José Luis Tirado Fernández

domingo, 14 de abril de 2013

OLOR DE LAS COCINAS



Olor de las cocinas
de aquellos patios,
se agitan las perolas
con los garbanzos.
La humilde yerbabuena
que honra el puchero,
tributa los sudores
del jornalero.

Con la maja mi madre,
sobre el mortero,
destila los sabores
que yo venero.
Y se escucha el revuelo
de los chiquillos
cuando llega a la mesa
con el lebrillo.

Cocido de habichuelas
y calabaza,
lo más barato, niña,
que hay en la plaza.
Puerta que da a Castilla,
con quince abriles,
pregonaba Mercedes
sus perejiles.

Escurre borbotones
la cocinera,
remueve los frijones
la espumadera.
Metáfora del viento,
qué buen potaje,
rellena los vacios
del costillaje.

Picadillo de noche,
con su caballa,
babucha y cantinela
del come y calla.
Te llegó la visita
de los cabales
que beben y que comen
como chacales.


Dale al  soplillo, linda chiquilla,
aviva los carbones de tus mejillas.

José Luis Tirado Fernández

viernes, 27 de abril de 2012

MIS GRANDES CAPITALES




No te dejo más herencia
que una guitarra, un pandero,
un borrico y un caldero...
y arriba la providencia.

viernes, 27 de enero de 2012

RETORNO A MOGUER La búsqueda del poeta (2)


Visita a Moguer

         Pasamos por delante de un portalón; dentro de la estancia, unos amplios arcos de mampostería encalada delineaban un ambiente que se me hizo familiar. Me paré enseguida; dentro, un hombre estaba lavando su coche y le pregunté si aquello había sido con anterioridad una taberna. “Hace más de treinta años”, me contestó. Sí, eso más o menos es lo que yo calculaba. Me dijo que había comprado el edificio y que lo utilizaba como garaje, pero yo recordaba sus rincones, sus paredes, sus botas de madera en la parte derecha, la chimenea encendida, el sitio que ocupó el lagar, a la izquierda, y el espacio donde los  clientes bebían el vino, sacado directamente de los toneles; allí no existía la barra. Sentí una enorme tristeza al ver aquel sitio tan acogedor y tan auténtico convertido en un aparcamiento. Otra de las cosas que fuimos buscando pero que ya no existen, ni volverán. Esta foto es la que conservo de las que hizo Pepe en 1980.



         En 1980 fuimos buscando la casa natal del poeta. Estaba en obras, pero tenía aspecto de abandonada, daba la impresión de que allí no habían puesto un ladrillo ni amasado mortero desde hacía mucho tiempo. Como éramos jóvenes  y atrevidos y los responsables de aquella casa no habían puesto mucho empeño para impedir la entrada, aprovechamos una rendija de la puerta para colarnos. Recorrimos las deshabitadas estancias, más en la promesa de encontrar la aventura que en la de ilustrarnos en la vida de Juan Ramón. Llegamos a un jardín interior, también en estado de abandono, con mucha maleza; recuerdo que había un árbol del que arranqué un membrillo, con la intención de llevármelo de recuerdo. Me lo comí.






LA CASA DE ARREBURRA
“La casa de enfrente” Platero y yo, CAP. 16.



LA TORRE

No, no puedes subir a la torre. Eres demasiado grande. ¡Si fuera la Giralda de Sevilla!

¡Cómo me gustaría que subieras! Desde el balcón del reloj se ven ya las azoteas del pueblo, blancas, con sus monteras de cristales de colores y sus macetas floridas pintadas de añil. Luego, desde el del Sur, que rompió la campana gorda cuando la subieron, se ve el patio del Castillo, y se ve el Diezmo, y se ve, en la marea, el mar. Más arriba, desde las campanas, se ven cuatro pueblos y el tren que va a Sevilla, y el tren de Riotinto y la Virgen de la Peña. Después hay que guindar por la barra de hierro y allí le tocarías los pies a Santa Juana, que hirió el rayo, y tu cabeza, saliendo por la puerta del templete, entre los azulejos blancos y azules, que el sol rompe en oro, sería el asombro de los niños que juegan al toro en la plaza de la Iglesia, de donde subiría a ti, agudo y claro, su gritar de júbilo.

¡A cuántos triunfos tienes que renunciar, pobre Platero! ¡Tu vida es tan sencilla como el camino corto del Cementerio viejo!

Platero y yo Cap.129

La torre, según la vio Pepe en 1980

La torre, según Mari Reyes y el Photoshop, en 2012

La torre de Moguer de cerca,  parece una Giralda vista desde lejos…

José Luis Tirado Fernández
Fotos 2012: Mari Reyes Fotos 1980: José Luis Guisado

viernes, 9 de diciembre de 2011

LA PLUMA NEGRA (II)



                Llega la segunda entrega de “La pluma negra”, seudónimo que  utiliza este muchacho de quien me precio de llamarme amigo, y que como ya os indiqué en su anterior aportación, pertenece a Faisem (Fundación Pública Andaluza para la Integración Social de Personas con Enfermedad Mental) y vive en uno de los pisos tutelados por esta entidad. Colabora con la unidad de rehabilitación salud mental (URSM Virgen Macarena) y en su blog podéis encontrar más cosas de la que escribe.




Este es su relato navideño.

El tito Pedro y los mantecados


            La tienda, que ostentaba en su toldo azul un nombre familiar “Casa Pedro”, ofrecía durante todo el año un aspecto de dinámica  armonía entre todos los productos de alimentación que la llenaban de colores y formas diversas. Parecía que cada elemento estaba en su sitio para darle una esencia especial al ambiente. Las cajas de leche entraban en una sincronía jugando con los batidos de sabores cada uno de un color, rosa, amarillo y chocolate. Las latas de atún, celestes y verdes hacia lo propio con las de conservas que traían paisajes de mares del norte o barcos realizando la almadraba. Las galletas bailaban al ritmo de las cajas de postres y dulces bajo el manto de la Virgen de la Consolación. Todo tenía un sentido en lo que en un principio podía parecer disparatado.


            Claro que cuando llegaba la navidad, las guirnaldas y las cintas lo que hacían era aumentar la belleza pictórica que tenía el local. Las galletas y los dulces tenían a sus pies unas cintas  de variados matices que adornaban de gala a mostachones, petit-suisse y cortadillos. Las latas de melva y las de conservas  tenían cintas de purpurina plateadas que las engalanaban. Del techo colgaba una campana de charol de diferentes colores de dorados y en el escaparate un nacimiento estaba rodeado por cantidades ingentes de mantecados a granel, de bombones crujientes, de bolsas de dátiles dulces y de decenas de productos que sólo se ven estos días por los comercios y que esperamos cada año para saborear. Un pequeño árbol de navidad  parpadeaba en lo alto del mostrador de la chacina y en el cristal de la vitrina del pan se podía leer un letrero escrito con polvos de copos de nieve  que decía “Felices Fiestas”.


            Estas fiestas los que más disfrutan son los niños y nosotros teníamos en casa dos pequeñajas, Laura y Susana


             Las niñas llegaban andando junto a la madre, a paso destartalado, calle abajo, muy pegadas a ella, una tirándole del pantalón. Las recuerdo a las dos como si fueran  muñecas. Una con su bicicleta y la otra con el carrito de juguete. Parecían hermanas gemelas porque las dos iban vestidas iguales, de carnes rollizas y con el mismo corte de pelo. Ya tenían cuatro y cinco años.


            Al llegar a la tienda se estorbaban una a otra al intentar entrar detrás del mostrador. Allí nos daban un beso a mí y a mi padre, el tito Pedro se le notaba la pasión que despertaban las dos criaturas en él. Le gustaba verlas disfrutar y en aquellas fechas como más disfrutaban era comiendo mantecados. Eran dos glotonas. La madre decía que no les diera  que se iban a poner malas de tanto comer, que ya habían merendado, que no se explicaba como tenían hambre. Mi padre no le hacía caso y  les daba un mantecado casero o un alfajor que era lo que más le gustaba. Ellas lo agradecían con una sonrisa. Después le preparaba una bolsa con dos o tres más. Se sentaban en el poyete  del escaparate a comerse los mantecados. Todos nos salíamos fuera para verlas como se los comían. Era un espectáculo. Las niñas disfrutaban comiéndoselos  y nosotros disfrutábamos viéndolas como se los comían.


            Tengo muchos recuerdos de la navidad que son imborrables; mi padre haciendo Agua de Sevilla,  el último beso que le di a mi madre en fin de año, la cena de los mejillones, y algunos recuerdos más, pero sin duda el más tierno y el que recuerdo con más cariño y ternura es vernos a todos mirando  a mis dos primitas sentadas en el poyete  y a mi padre con una gran sonrisa dándoles un mantecado que ellas cogían con placer.


Para Laura y Susana                                                               


La pluma negra 07/10/11

domingo, 27 de noviembre de 2011

LAS FOTOS DE MARI REYES EN MADRID

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El pueblo de Madrid bautizó a los leones de las Cortes con los nombres de "Daóiz" y "Velarde", héroes del dos de mayo.
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Palacio de las Cortes
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Los leones fueron fundidos en la Fábrica de Artillería de Sevilla, en la calle Eduardo Dato. Los moldes originales en escayola se conservan en dicha fábrica, entrando a la izquierda.
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La primera sesión de cine en España
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Símbolo universal de la ciudad


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El día 31 estaremos todos mirando hacia el reloj
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Punto de partida
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Mañanita era de boda
y ya en la calle Mayor
una bomba entre las flores
ha caido desde un balcón.
Y se estremece
viendo viva a su reina
Alfonso trece.
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Restos de la Iglesia de la Almudena
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Catedral de la Almudena


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Detalle de la puerta lateral

Cristo de la Buena Muerte, de Juan de Mesa
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Te llevaste a los madriles
tu cruz y tu padecer,
pero tú eres de Sevilla
y hermano del Gran Poder.


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Monumento a Juan Pablo II

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Palacio Real
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Detalle del Palacio

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La Puerta de Toledo
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Ahí está...

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La diosa Cibeles


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Y de vuelta, una delicatessen

martes, 8 de noviembre de 2011

LA PLUMA NEGRA

            Es un muchacho tranquilo, sonriente, y que siempre está dispuesto a hacer cosas por los demás. Sus compañeros le tienen en gran estima y posiblemente de los que conozco, sea el de más talento para esto de las letras. Pertenece a Faisem (Fundación Pública Andaluza para la Integración Social de Personas con Enfermedad Mental) y vive en uno de los pisos tutelados por esta entidad. Es aficionado a la lectura y no tiene mal estilo cuando escribe; por eso, y por el afecto que le tengo, le pedí una colaboración para este blog; también colabora con la unidad de rehabilitación salud mental (URSM Virgen Macarena) y en su blog podéis encontrar más cosas de la que escribe.
Lo hace con el seudónimo de La Pluma negra, y de verdad, os aconsejo que lo leáis, merece la pena. Este es su relato sobre la Semana Santa sevillana.

            Anoche costo mucho dormir a los más pequeños de la casa. Estaban nerviosos. Esperaban el día de hoy con gran ilusión. Llevaban preguntando cuanto faltaba para el Domingo de Ramos por lo menos un mes, y es que hoy, 23 de abril, salen de nazarenos en la cofradía de La Sagrada Cena. Tradición que se cumple en esta casa durante la fiesta que viste de gala a la ciudad  de Sevilla, la Semana Santa.


            Todos han dormido  en casa de la abuela, que vive  cerca de la plaza Ponce de León, por dónde la Cena tiene su casa de hermandad y así, una vez vestidos pueden salir desde aquí andando.
            El salón parecía una tienda de trajes de nazarenos. Había seis túnicas, cada una de un tamaño, con sus sandalias, sus cinturones de esparto,  sus capirotes, sus antifaces,  sus escudos y sus medallas de hermanos. Todo lo había preparado la abuela de noche, para que por la mañana con las prisas y los nervios no le faltase a ninguno nada.
            Los padres de los niños fueron llegando a la par que estos se despertaban. Entre las madres, la abuela y los padres, que también salían de nazarenos, fueron vistiendo a los más pequeños. Pero sin duda a la que más ilusión nos hacía a todos ver vestida era a Claudia que apenas tenía diecinueve meses y era la primera vez que la íbamos a vestir. Sus sandalias parecían de juguete, al igual que el cinturón de esparto y el antifaz que llevaba recogido sobre la cabeza.
            Cuando le llenamos el bolsillo de caramelos puso cara de asombro. Su hermano mayor, ya vestido de nazareno y dispuesto a salir, le preguntaba si le daba un caramelo. Ella veía el bulto de chucherias que llevaba bajo la túnica y con un dedo lo señalaba como diciendo que esos eran los caramelos y que ella los tenía ahí. Nos hicimos fotos todos juntos antes de salir. Los niños pegados a los padres, todos vestidos de nazarenos, las madres luciendo trajes de primavera para un Domingo de Ramos y todos sonriendo a la cámara del abuelo José, que guardará esta foto junto a los mejores recuerdos vividos en la Semana Santa  sevillana.

            Entraron al Templo por la Casa de Hermandad. Iban cada uno con su papeleta de sitio. Salían todos en el mismo tramo. Irían juntos. Así lo habían pedido. Por antigüedad, los más mayores podían ir mas cerca del paso de  la Sagrada Cena pero por acompañar a los chico y para que estos no se saliesen del recorrido, lo hacía todos juntos aunque por eso tuvieran que ir más cera de la cruz de guía. Nosotros nos fuimos para la puerta del Templo y la vimos salir. Claudia llamaba la atención donde iba. Todo el mundo se paraba a pedirle un caramelo, a hacerle una foto o solo a decirle lo guapísima que estaba vestida de nazareno.
            Hacia un Domingo de Ramos espléndido, con un  cielo raso de un azul brillante que auguraba una semana de gala para la ciudad. Este año se lucirían las Hermandades y este día entraría en el recuerdo de muchos cofrades.

            Tengo un recuerdo que no olvidaré. Quizá porque era yo quien la llevaba en brazo a Claudia cuando sentí como se impresionó ante la novedad a la que se enfrentó, y fue cuando escucho la primera banda de música. Se le encogió el corazón. El pulso le temblaba con cada partitura. Los ojos abiertos como mochuelo. La boca gritando una “o” muda de asombro sonoro y el cuerpo en un eléctrico impulso. Era la primera vez que escuchaba tocar de cerca una banda de música en directo y el estruendoso espectáculo la paralizó. Su minúscula mano se agarró a mi chaqueta azul marino tan fuerte como pudo apretar.
            Este recuerdo no lo tendrá ella, aún es demasiado pequeña para tener recuerdos. Cuando crezca y sea un poquito más grande le contaré como fue la primera vez que escucho una banda de música ya vestida de nazareno de la Hermandad de La Sagrada Cena. Ahí estará su abuelo para que de sus primeros pasos con sus vivencias como cofrade. Esto es una tradición que va pasando de padres a hijos de abuelos a nietos y que vivirá en el corazón de los sevillanos por siempre.


            De la pluma negra para su gran amigo José Luís Tirado 07/ 11/ 11.