El flamenco es un arte y pertenece a los artistas. Lo demás, es un exudado de su propia condición.

sábado, 5 de septiembre de 2026

HISTORIA DE UNA GITANA

  

Subia a la barca cada mañana hasta la otra orilla; a veces, en invierno la bruma le enturbiaba el conocimiento y en más de una ocasión le sugirió lanzarse al agua, donde se acabarían sus sufrimientos de una vez. Sentía la llamada de la oscuridad, de lo profundo de su río, aquel que tantas veces cruzó en la falúa. ¡Cuántas tardes a su orilla sintió el amor en todas sus formas! Y cuántas otras alimentó sus esperanzas y deseos de la mano de su Juan...

No podía entender la vida ni sus designios. Sus seres queridos, sus niños… ¿Estarían allí abajo, esperándola? Sobreponía su carácter y el de sus ancestros y aceptaba el destino tal y como le llegaba. Se empeñó en vivir.

Cuando saltaba a tierra y miraba arriba, todo el cielo era suyo y al vuelo de los flecos de su mantoncillo hendía el aire hasta la Fábrica, bordeando la orilla del Tagarete.

En la Fábrica era feliz. Pasaba el tiempo rápidamente, Las ocurrencias de sus compañeras, en el once de mixtos, la sacaban de sus pensamientos y la devolvían a la atmósfera y a la vida. A la salida los flecos volvían a mecerse con el viento. Los piropos de aquellos hombres apostados en la reja de la calle, su condición de mujer y el gozo de sentirse bella la elevaban hasta el infinito, hasta que llegaba a la otra orilla y de repente sentía el brutal golpe de realidad. Entonces, comenzaba a recordar.

TISIS

Y se lo dije a mi hermana,

no vayas a cruzar el puente

que está el cólera en la Cava. 

La única ilusión que le alumbraba el camino hasta casa de su hermano Francisco era el cigarro que a diario le llevaba y el regalo que semanalmente le hacían sus jefes. Su hermano le dio sitio en su casa cuando perdió a su marido, sus hijos, su vida. La tisis (tuberculosis) se llevó a Juan, y sus hijos murieron de calenturas. Era una época difícil, que se llevó a muchos trianeros por delante. Hubo en San Jacinto, junto a la Iglesia, un hospital para enfermos de cólera a mediados de siglo y durante varios años. La vida en los corrales no era muy recomendable. Se bebía de los pozos, los alimentos se compraban en la calle, sin ningún control, la leche se hervía, pero durante los veranos era frecuente que murieran cientos de personas por infecciones.

Paco, su hermano, era padre de Gloria Bermúdez, la gitana que, andando el tiempo, fue junto a sus hijas al pabellón español de la Exposición de París de 1889. Hacía mucho que Pastora no bailaba, pero lo hacía muy bien y era un espectáculo verla en los patios durante las fiestas. De casta le viene al galgo. Posiblemente su sobrina llevara a los escenarios algo de ella.


CADA VEZ QUE LLUEVE, ESCAMPA

A los once años de la muerte de su marido y sus hijos, Pastora fue atravesada por la flecha de Cupido. El joven Eros la enredó y conoció a un hombre que la hizo madre de nuevo y luego la abandonó. En julio de 1875 parió una niña. No sabemos las circunstancias en que se encontraba entonces Pastora, pero son fáciles de imaginar. Juzgamos demasiado rápido, no nos metemos en los zapatos de nuestros semejantes para entenderlos y emitimos sentencias injustas sin haber intentado siquiera comprenderlos.

El caso es que un sábado por la noche salió de su casa, con la niña en brazos. Cogió San Jacinto hasta el puente y directa a Cuna, donde estaba la casa de niños expósitos, y la abandonó allí. Al entrar, la inscribieron como Emeteria, aunque luego fue bautizada en el Salvador y la inscribieron en el Registro Civil como Teresa Pintado. Los siguientes días fueron terribles, pensaba que el fuego del infierno sería más blando que las ducas que la asolaban. Seguía trabajando, pero se sentía fuera del mundo. No sonreía con sus compañeras y a veces le costaba respirar.

 


Hasta que una tarde al salir de la Fábrica, sintió un impulso sobrenatural que la llevó hasta las puertas del hospicio. Entró y se arrodilló delante de una de las monjas que por allí andaban. Esta la levantó tiernamente y la condujo hasta un asiento, donde Pastora desahogó su alma y sus ojos. La religiosa la tranquilizó hasta donde pudo y la puso en antecedentes de la situación. Si la niña había sido adoptada, tenía mala pinta. Sin embargo la hermana entró en una dependencias y vino a calmar sus ansias. Todavía estaba allí.

-Tienes que ir a una escribanía, hacer una escritura de reconocimiento de hijo natural y luego volver aquí para llevártela. El coste económico de aquellas fechas era demasiado alto para una trabajadora del tabaco. Pero además, ¿qué pasaría si mientras buscaba el dinero la niña era adoptada? Su sufrimiento se multiplicó y creyó volverse loca. Pensó en robar, matar, venderse…

LA MASITA

La Real Fábrica de Tabacos de Sevilla, disponía, desde muy antiguo, de un fondo para los trabajadores que se les reintegraba cuando abandonaban el trabajo, cuando se jubilaban o cuando morían, en este caso lo recibían sus familiares. La llamaban «la masita». Más tarde, la Legión española adoptó la misma fórmula para sus alistados, dado el carácter asalariado de sus componentes, aunque añadió otras características, como adelantos, pérdidas de material, etc.

La apesadumbrada mujer, acudió al día siguiente al tajo y se dirigió a su puesto. El ama de rancho la vio llegar y enseguida supo que pasaba algo. Fue a buscarla. Informada por Pastora de sus desdichas, se ofreció para hablar con el contador, a fin de gestionar una posible salida. Pero era imposible, a no ser que la trabajadora abandonara voluntariamente el trabajo. Su llanto se convirtió en arroyo. Estaba dispuesta a renunciar al sitio que todas las mujeres querían ocupar. A pesar de la fama, de las habladurías de la gente, de los chismes y de las historias, cualquier mujer de la época se habría prestado a entrar en esa Fábrica. Como mínimo, hervía la olla a diario y se podía mantener un hogar. Además era un lugar de leyenda, que incluso óperas inspiró aquel sitio.

Lo decidió en aquel mismo momento y se lo dijo al ama de rancho. La mujer lo entendió y también con lágrimas en los ojos le pidió que esperara un día, un solo día. Agachó la cabeza resignada y pensó de nuevo en su hija. ¿Quién estaría a su lado? ¿Tendría fiebre? ¿Estaría llorando? Volvió de nuevo a casa de su hermano y le contó sus cuitas. El gitano maldijo la vida y lamentó no poder ayudarla en ese trance. Ella llevaba muchos días sin dormir y esa también se añadió a la lista de las noches en blanco.

Al día siguiente subió a la barca, a la orilla, al arroyo, al cielo y al mundo exterior con la esperanza de frente. Iba dispuesta a entregar su puesto de trabajo, su alma y todo lo que fuera necesario. Ya había padecido bastante. Cruzó la reja, entró en el bello edificio y llegó a su rancho. Todas sus compañeras estaban ya en el tajo. El ama la recibió con una sonrisa. Ella le dijo que quería ver al contador. -Al contador.. ¿para qué? -Para pedirle la masita y despedirme. -Pero Pastora, ¿Ya has perdido la fe? No entendía. Sus compañeras se levantaron al unísono y comenzaron a aplaudir y a dar vítores. Muy sorprendida, volvió la mirada hacia su jefa y pudo ver que le estaba ofreciendo un bolsa de cuero cerrada con un lazo. -¡Venga, corre ya, ve a por tu hija! Esto lo han recogido tus compañeras para ti. Pastora no sabía qué hacer, dónde meter las manos, qué pensar, dónde meterse. Miró hacia todas entre lágrimas, que alguna le quedaba, y agarró la bolsa como quien ase una tabla en medio del naufragio.

 

Las cigarreras de Joaquín Bilbao. Museo de Bellas artes de Sevilla
 

Corrió como la brisa hasta la plaza de San Francisco, donde existían varias escribanías y entró en la número doce mostrándole la bolsa al oficial que le salió al paso. Entre jadeos, suspiros y balbuceos, logró enterar al hombre del objeto de su visita. Cuando le escuchó hablar de una cita, se arrojó a sus pies y besando sus zapatos le suplicaba que la atendiera en el momento. Tuvo suerte. El escribano estaba presente y había poca faena. La atendieron, y le hicieron una copia de la escritura.

También los hados y la buena suerte se presentan de cuando en cuando y dibujan sonrisas. Y cuando nos falta una carta para completar el jiley, también puede suceder, porque tenemos una posibilidad entre treinta y seis.

 


Vivió días tan felices como cuando Juan la pidió; olvidó reveses, llantos, melancolías. Subió de nuevo a la falúa y miró el cielo, los reflejos del agua, la torre del Oro, como cuando era una niña. Volvió a sentirse viva. Inscribió a su hija y le quitó aquel «Teresa Pintado» que le habían dado en la cuna. Le puso un nombre muy gitano y sus mismos apellidos. La niña se llamó Regla Bermúdez de la Rosa.

 


Acudía por las tardes a la parroquia a rezarle a la Divina Pastora, y a darle gracias por lo sucedido. Al pasar de vuelta por la plazuela saludaba a Tio Antonio Cagancho y a su hijo Manuel, que andaban sentados en un velador, bebiéndose unos ochitos. Algunas veces se les escapaba

Reniego yo,

reniego de mi sino

como reniego de la horita mala

que te he conocío…

Regla, la niña, murió a los cuatro años. Pero la historia de Pastora no acabó ahí. Se casó de nuevo y en ese estado estuvo hasta que le llegó la hora. En la partida de defunción de su marido, Francisco Peña, consta como viudo de Pastora Bermúdez. Los títulos de crédito, están ahí, en las imágenes. En este caso crédito en su acepción de creer, por que este relato está basado en la realidad. La vida, en toda su crudeza.

 

Los que vivimos estas historias seguiremos aquí, preguntándonos siempre el cómo y el porqué. Quiero dedicar este relato a la salud de Ángel Vela, maestro de todos nosotros. Y añadir que me ha costado mucho hacer esta historia sin escribir el nombre de mi barrio. Un esfuerzo añadido. Ese nombre está presente en todas sus líneas.

 José Luis Tirado Fernández

jueves, 20 de agosto de 2026

EL ARRENDAMIENTO DEL CAFÉ SILVERIO DE LA CALLE ROSARIO NÚMERO 4

Silverio, suma y sigue...

1888. Ese año tuvo un hijo, llamado Silverio, con una nieta del Isleño. El siguiente documento hallado, con que continuamos, está datado ese mismo año y forma parte de una serie de sucesos económicos en la vida de Silverio Franconetti. Su título, (arrendamiento de varios efectos de establecimiento) deja lugar a dudas, tantas y tan amplias, que luego son aclaradas por ulteriores escrituras. Por una reseña de 1887, sabemos que los turistas acudían al salón, por lo que suponemos el negocio hasta ese año iba viento en popa. Tampoco sería tanto como lo que está ocurriendo en Sevilla en la actualidad, ni existían los AT.

 


En el texto, cuyo enlace aparece al final de esta página, podemos leer de una forma clara que el dueño del café cantante, era su suegro. En él, José se atribuye la propiedad del negocio (establecimiento café cantante), en una declaración donde deja sentado su afecto por el yerno… (su buen comportamiento y notoria honradez) y que le arrienda los efectos, muebles y bebidas que hay en el Salón para que pueda seguir buscando su subsistencia y la de su familia. Veamos.

EL SUEGRO DE SILVERIO

 Silverio no sólo era mayor que su segunda esposa, Salud, treinta y cuatro años, sino que además era mayor que su suegro más de diez años. José Sánchez Sopeña nació el 20 de abril de 1841, en Triana, en la calle Larga, actual Pureza. Era hijo de una familia acomodada del barrio; su padre, José Sánchez Ponce de León era un acreditado farmacéutico.

Desde 1885 hasta 1888 habitó en los altos del café cantante, Rosario 4, con toda su familia y tenía una hija llamada Silveria, nacida en 1884, año en el que el cantante se casó con Salud Sánchez Morán. sobre su persona, añadir que siempre se registraba como alfarero, aunque no parece, por sus filiaciones a partir de su relación con Franconetti, que tampoco podemos acreditar, ejerciera dicho oficio.

 

El salón llevaba abierto desde abril de 1881

CÓMO ERA EL SALÓN SILVERIO

 En la escritura de arrendamiento de enseres se habla de reposición de géneros al terminar dicho acuerdo. Si el inventario del café cantante de Tarifa 1 nos aclaró qué se bebía allí, el del café cantante de Rosario 4 provoca asombro, ya que, en cuestión de mobiliario, duplica el número de sillas, por ejemplo, que la amplitud del local superaba al otro y que incluso disponía de una mesa de billar para uso de la clientela.

 

Recreación del café Silverio

Que allí se cocinaba, cocina económica describe, y seis peroles, que el café se hacía en una máquina de bronce y no en ollas, que incluso se tostaba allí mismo, que que allí se bebía ron de Jamaica, champagne y otros licores y que el monto de la operación se fijaba en 11.004,50 pesetas.

 MÁS DOCUMENTACIÓN, MÁS SORPRESAS

 Como nobleza obliga, quiero rectificar mis dudas con respecto a la existencia de Frasquito el Manga. Es verdad que existió, he visto su firma y sé su nombre y su profesión, y los publicaré. También disculparme con el camero Don José Muñoz Sanromán, exquisito poeta, periodista y novelista, pues nos transmitió datos fidedignos. También volveremos atrás ya que los documentos nos llegan en orden aleatorio y no en su línea de tiempo.

¿Sería así este rincón en el café Silverio? En la próxima conoceremos más sobre Silverio, sus dificultades, su casa, sus jayares.

 Puedes ver el documento aquí

 DOCUMENTO

 

miércoles, 12 de agosto de 2026

EL TRASPASO DEL SALÓN SILVERIO


El cuatro de marzo de mil ochocientos ochenta y uno, Silverio Franconetti y Manuel Ojeda ponen negro sobre blanco lo que suponemos hacía tiempo que se venía fraguando: la disolución de la sociedad de ambos. Al final de esta página, hay un enlace a una transcripción del documento, con una datación previa. Es un texto tecleado, sin corregir, porque las faltas de ortografía las he dejado tal cual, y otras se las ha comido el corrector.

 En esta entrada que hice sobre El Burrero,

 https://miflamencoymipoesia.blogspot.com/2020/05/cafe-del-burrero-primera-parte.html

 dudé sobre esa sociedad e incluso la existencia misma de Frasquito el Manga, cuestión que sigue -la de Frasquito- en el aire, ya que no aparece por ningún sitio en el escrito, normalizado y formalizado ante Notario. Y lo hacen de la manera más lógica y fácil posible. La tercera parte es Manuel María Bonilla y Giraldez, posible dueño del local o edificio que había sido enajenado a la Iglesia en 1868 y que anteriormente fue abandonado por las monjas. También podría ser un representante de la propiedad, aunque no se especifica.

El proceso fue así: ellos venden el contenido del café cantante, muebles, enseres, bebidas, etc. a Bonilla por mil quinientas pesetas, las cuales reciben. Luego, Manuel Ojeda, recibe el dominio sobre el establecimiento a razón de setecientas pesetas anuales de alquiler. Manuel Ojeda entrega el importe del primer año y recibe carta de pago. Silverio queda sin responsabilidad. Así firman excepto Ojeda que no sabe, y poco más en lo legal.

Pero el documento contiene datos muy interesantes, como la profesión de Silverio, “artista cantante”, cuyo último deseo y último del escrito es que el título de “Salón de Silverio” existente en la puerta, se retire de inmediato. Y firma de su puño y letra poniendo “Silberio Franconetti”.

 



En cuanto a las curiosidades, son diversas y algunas sorprendentes, como la existencia de cuatrocientas sillas. Supongo que le vendrían bien a Manuel para su café de verano. El local era mucho mayor de lo que yo suponía. Nos ilustra también sobre cómo se iluminaba el establecimiento, cómo se hacía el café y que no sólo se bebía vino sino que se elaboraban ponches.

 Supongo que Franconetti saldría de allí corriendo a dar la señal del café cantante nuevo de la calle Rosario, que abrió al mes siguiente, pero... Realmente, ¿quién era el propietario del café cantante de la calle Rosario? En otra próxima entrada, hablaremos sobre ese término y otros, sobre su suegro, su casa, sus pertenencias...

 Próximamente en este salón...

 Ver el documento aquí: 

DOCUMENTO

José Luis Tirado Fernández


domingo, 12 de julio de 2026

LA VELÁ DE SANTA ANA, HACE 99 AÑOS

  

El noticiero sevillano, sábado 23 de julio de 1927

La velada de Santa Ana 

Últimas noticias

 Hoy hemos de comunicar a nuestros lectores las noticias de última hora que son de verdadero interés para la mayoría de las personas, y se refieren a la cabalgata, cuyo festejo ha adquirido popularidad antes de efectuarse. Esta ha de recorrer el siguiente

 Itinerario

 Se organizará en un local de la calle Justino Matute y seguirá por San Jacinto, Pajés del Corro, Alvarado, Castilla, Plaza del Altozano, Pureza y a su final cruzará Betis, Plaza del Altozano y San Jacinto a terminar otra vez en Justino Matute.

 Dos ruegos de la Comisión 

 Uno, al vecindario, para que adornen sus balcones en las calles citadas; otro, a los caballistas de Sevilla y pueblos próximos, para que concurran a este festival para cooperar a su brillantez y realce, y las gracias para todos ellos.

 Orden para el desfile

 Abrirá marcha la escuadra de batidores de la Guardia Civil, seguida de su banda de trompetas.

A continuación, grupo de caballistas y las carrozas particulares con opción a ser premiadas.

Escuadra de batidores y banda de trompetas del Regimiento de Caballería de Alfonso XII

Segundo grupo de caballistas y parejas en el cual han de formar los que aspiren al premio. 

Carroza alegórica de la industria aceitunera

Carroza alegórica de la industria cerámica.

Estas dos carrozas con las restantes organizadas por la comisión desfilan sin opción a premio.

Banda de música.

Carroza de las patronas Santas Justa y Rufina.

Banda Municipal de música.

Sección de la guardia municipal que cerrará la marcha.

El desfile tendrá lugar en la noche del día de Santa Ana y se iniciará a la una.

Esto es; en la noche del 26 al 27. 

La Comisión se constituirá en su caseta oficial en la calle Betis.

Y ahora a esperar los resultados de todo para hacer su comentario, pero sinceramente, reconocemos que si el entusiasmo y la buena voluntad y la actividad infatigable son dignos de alabanza, la merecen ya, y entusiastas los amigos que han constituido esta comisión y muy especial los incansables trianeros don Manuel Rodríguez Alonso y don José Mensaque, que siempre a la cabeza de todas las iniciativas han logrado que el simpático barrio sea conocido ya por sus entusiastas con el nombre de <<Triana la grande>>

José Luis Tirado Fernández 

lunes, 11 de mayo de 2026

EL TORERO Y LA GITANA Una historia recurrente

 Me apetece documentarlos, a pesar del tinte rosa de la cuestión, porque ellos fueron los primeros. Luego siguió la historia. Su propio hijo, Rafael, con Pastora Imperio, la de Aparicio con Maleni Loreto, hasta la contemporánea, de Paquirri con Isabel Pantoja...

Fernando el Gallo y Gabriela Ortega unieron sus vidas a principios de los ochenta del XIX. La leyenda dio lugar a interpretaciones y habladurías que han llegado hasta nuestro días sin una base sólida. Sin obviar dichas leyendas urbanas, intentaremos una aproximación a la biografía de ambos, añadiendo datos, y la interpretación lógica de los mismos.

 

FERNANDO EL GALLO Y SU ESTIRPE TRIANERA

 A pesar de descender de una familia proveniente de la otra orilla, Fernando nació en el barrio de San Lorenzo. Su padre, Antonio Gómez Bejarano (1809), bautizado en Santa Ana y sin ninguna relación con el mundo del toreo, así lo fue, como su otro hijo, mayor que Fernando doce años, bautizado en la iglesia de la O, y que fue el primer Gómez torero, el primer José y también el primer “Gallito”, apodo que recibió de la afición por su manera de correr. (Sevilla, 1837) 

 


El torero José Gómez García "Gallito"

 

Su primer oficio fue el de zapatero, pero un día decidió seguir los pasos de su hermano y consiguió establecerse como uno de los toreros de moda. Como tal, vivía y disfrutaba de su status, y en el ambiente de la época, Se dejaba ver, y entre toro y toro visitaba los sitios de flamenco en Sevilla. Hubo un poeta que le dedicó un poema.

 

La marisma es un ruedo sin fronteras.

Es la plaza de toros donde Fernando el Gallo

le corta las orejas al toro de San Lucas.

 

Aquilino Duque

 


Fernando Gómez García tomó el apodo de su hermano "El Gallo"

LA GITANA

 Gabriela Ortega Feria (Cádiz, 1862), aparece viviendo en Sevilla en 1880, en la calle Feria 177, junto a la Resolana. Junto con ella vive su madre, Carlota, su hermano Francisco y su hermana Carlota. Su padre había fallecido en 1871, de una enterocolitis tifoidea, cuando ella contaba nueve años, con lo que creemos fútil considerar que Enrique le encomendara a Silverio su cuidado, porque en esas fechas ni siquiera se sabía si Gabriela viajaría algún día a Sevilla. Para ello, contaba con Doña Carlota, a la que se supone en el cuarto de madres del café cantante.

 


Gabriela Ortega Feria

Ella empezó en el “Recreo” que entonces estaba en manos de Silverio Franconetti, que es como el cantaor bautizó el local, que antes se había llamado la “Escalerilla” y que terminaría siendo el famosísimo “Burrero” a partir de que Manuel Ojeda cogiera el traspaso y lo convirtiera en el centro del universo flamenco.

Allí comenzó la historia de amor entre ella y Fernando, y también las

habladurías y chalanerías del pueblo, o lo que actualmente conocemos por fakes-news. Habladurías. Se marcharon a Madrid, donde nació su hijo Rafael en 1882, luego conocido en tauromaquia como El Gallo o el Divino calvo. Eran solteros y como solteros tuvieron más tarde y en Sevilla, donde vivían en la calle Trajano a Fernando (1884) y Gabriela (1885) Gómez Ortega.

 


Rafael Gómez Ortega "El Gallo"

En 1884 comenzaron a mover papeles para casarse, y en su expediente matrimonial, consta que Gabriela, de 22 años, considerada entonces menor de edad, tuvo que solicitar la licencia paterna, en este caso de su madre, viuda de 55 años y que se habia mudado a Málaga, junto a su hijo Enrique, en la calle Higuera 7. En el expediente consta, por error, que Gabriela tenía 19 años.

Solicitan el matrimonio secreto, que se celebra en la parroquia de San

Martin el 4 de mayo de 1885... “para evitar disgustos, ya que viven como casados y tienen tres hijos...”

Lo demás, es de sobras conocido. El nacimiento de otros tres hijos, el quinto fue Joselito, considerado por la afición como el rey de los toreros.

 

José Luis Tirado Fernández

domingo, 18 de mayo de 2025

LO QUE PESA LA MONTAÑA

 No es lo que vale el trigo, el porte o el jornal del carretero, sino el olor delicado del vapor de la telera, cuando hiende el aire buscando las ventanas. No es el valor del agua, la sal o el costo del fermento. sino el son de la lluvia en los trigales.

Pueden y deben ser, como ha sido desde siempre. Alfa, la chispa que crepita entre las yemas, como un nimbo de entrada al cielo, un minuto en el tiempo, terciopelo recamado de azahar. Escalón de la memoria, para alzarse de puntillas al presente. Vientre de plata, que sentimos en los dedos, paso de palio. 

Quizá el más olvidado. Aquel que llena sin saciar, que conmueve a su paso por el aire. Lamda, que conduce el calor, la dulzura y la humedad. Aquel que vuelve a la niñez, a la harina tostada con canela, la miel y la fritura. Hermano de la flor, del incienso, la cera y el confite, que te guía hasta lo sano, lo puro, lo de siempre.

Puede ser la memoria de la madre. El jugo de su pecho, lo dulce de sus manos, de sus besos. Omicron, que regresa siempre y te encuentra, que te asoma a la perola del pasado, sus maneras, su rito, que te da a beber la primavera.

Tal vez la realidad en la llamada. Volver la cara y encontrarla. Sigma, la caricia sutil de la voz, el privilegio de oír la melodía, el llanto, la súplica o hallar en las pisadas el camino, seguir la estela y sucumbir en el la sostenido que barrena la madera del oboe.

Quizá la fe, o el saber cierto. El regalo del impacto en los sentidos. Omega, la gloria en la mirada, la divina gracia de encontrar al fin en el laberinto de las pasiones el final de la voluta en la madera. Lo esencial es la luz.

No midamos la montaña por su peso. Ella puede ser inalcanzable, o esconderse tras el pulgar una tarde de otoño, herido ya, o muerto, el horizonte, o venir en un rayo transparente que sana y purifica. Ni dejemos de pensar en el futuro, porque es el fruto del árbol amoroso de la vida.


José Luis Tirado Fernández

GYPSEIDA

Dorado satén que huye

del arrabal de tu cuello,

del mate de la cintura,

del resplandor de los senos.

Intentando deslizarse

de los hechizos del cuerpo,

soltando va las amarras

para posarse en el suelo.

Hermosa casualidad,

dulce lienzo desvelado,

qué evidente realidad.

Parece dejar sentado

que lo desnudo es verdad

y posible lo soñado.


José Luis Tirado Fernández




domingo, 4 de mayo de 2025

PAQUITA RICO EN LA CASA DEL ARTE


ANGEL VELA, UN ESCRITOR DE CINE

Es inconcebible una historia de nuestro barrio sin las aportaciones de este trianero, periodista, escritor y cronista de nuestra querida puebla, que en sus libros, artículos y otras publicaciones ha precisado el quién es quién, el cómo, cuando y donde en materias tan diversas como flamenco, cerámica, política, poesía o teatro que atañen a esta orilla.

Sobre el séptimo arte, dejó impreso un tomo lleno de anécdotas, detalles y particularidades. Se llama “Triana, un barrio de cine”, donde se asoman trianeros que de una forma u otra han participado en esta industria: Desde Antoñita Colomé, su primer marido Antonio Triana y el hermano de éste, el pianista y compositor Manuel Garcia Matos, pasando por Micaela, Marujita Diaz, Paz vega o Antonio Canales, y perdón por las importantes omisiones, eleva la dimensión de Triana y sus habitantes en una mágica sucesión de viejas fotos, carteleras, imágenes inéditas y recortes siempre referidos al universo de la pantalla grande.

FLOR DE ARRABAL

Es el título que Ángel  propone en el apartado dedicado a Paquita Rico. Una niña nacida en un corral de vecinos, en la humildad del vecindario  de la calle Fabié, que tocó las nubes de la gloria y la fama, aquella Reina Mercedes de nuestras fantasías de chiquillo, aquella diosa con nombre de cante viejo, que aparecía junto a Alfredo Mayo en “Debla, la virgen gitana”, sueño cumplido de sus vecinas, las mocitas de su tiempo, paradigma de la belleza natural y espontánea, culmen de la delicadeza en la flor de su sonrisa. Esta foto aparece en el libro.



SOSPRESA HISTÓRICA

Francisca Rico Martínez, hija de Alberto y Francisca, aparece en esta foto, de 1959 en un visado de Brasil, publicado en la plataforma Family Search. Tenía treinta años. Más belleza no cabe.

Alberto Rico de la Fuente era vendedor de bocas y camarones, que había trabajado también como albañil y que en 1920 habitaba en el 93 de la Cava de los gitanos, junto a su esposa y una hija llamada Amparo, nacida ese mismo año. Su padre se llamaba Manuel y su madre Antonia.

La sorpresa es que Manuel lleva por apellidos Rico Cejudo, y es el primer miembro de la familia en vivir en Triana, junto a su hermana mayor Amalia, que vivía en la calle Callao. Eso me hizo profundizar más en la investigación y hallé en los padrones la respuesta y la sorpresa. Claro que su otro hermano, José era el famoso pintor. En el árbol de su genealogía consta como tal. Paquita Rico, era, por consiguiente, sobrina nieta suya.

LA CASA DEL ARTE

José Rico Cejudo fue un pintor costumbrista, que aprendió desde niño con ilustres maestros como José Garcia Ramos o Eduardo Cano, que también recibió influencias de Gonzalo Bilbao. Esta es una de sus obras, “Floristas en el parque de María Luisa”.

También, como hombre universal, fue escritor de novela corta y de ensayo, y articulista en diarios sevillanos sobre temas de arqueología. Vivió en Italia, aunque a partir de 1995 regresó a su tierra. Habia nacido en 1864 y murió en Sevilla en 1939. Este cuadro es un retrato de su cuñado, Antonio Japón Chaves, marido de Amalia. 

Y así es como la providencia une los destinos de los artistas; los genes no engañan. Y vivir en Triana ayuda, y mucho.

Terminamos con una Paquita Rico en plenitud.

 

José Luis Tirado Fernández

 

 

domingo, 27 de abril de 2025

LA SAGA DE LOS CAGANCHO. ADDENDA Y SUMA Y SIGUE

MANUEL VICENTE LUTGARDO RODRIGUEZ FLORES

 

En la anterior entrada dejamos pendiente la fecha de defunción de Rita Ramona Moreno, esposa de Manuel y madre de Tío Antonio Cagancho. Se produjo en 11 de enero de 1826. 

Manuel, viudo y con dos hijos, intenta reponerse del golpe y se enamora de una gitana llamada María Dolores Velázquez Filigrana, viuda desde 1923 y con cuatro hijos. Su marido falleció en Gelves, ahogado en el río.

Pero ese casamiento tuvo una historia, ya que la madre de Manuel y el padre de Dolores eran primos. Por lo tanto existía un grado de consanguinidad de tercer grado y había que pedir la bula papal. Esta es la secuencia.

Los novios solicitan en palacio dicha bula. Entre los correspondientes alegatos dicen en tres de mayo de 1927 que Dolores se halla embarazada de tres meses, lo que supondría una deshonra y la maledicencia de sus vecinos, que los ven juntos de día y de noche.

El mismo día el cura de la Real Parroquia informa sobre dicho grado de parentesco y aporta un árbol genealógico que alcanza hasta sus bisabuelos (los mismos para ambos), llamados Pedro de Flores y Luisa de Vargas. Este Pedro de Flores no es otro que Pedro Agustín, fundador y miembro de la primera junta de Gobierno de la Hermandad de los Gitanos.

El sacerdote dice de Manuel que... “es un pobre jornalero de ejercicio herrero y gana cuatro o cinco reales cada día, tiene dos hijos, el mayor de cinco años...”

Sobre Dolores, añade que... “es una pobre viuda con cuatro hijos, el mayor de once...”

El 26 de dicho mes agregan un escrito en los que reclaman que se ha cumplido un año desde que contrajeron esponsales (SIC) y que desean casarse.

 

En el expediente matrimonial, testifican tres personas, vecinos de Triana. Pascuala de Muja, Miguel Paderes (Paredes) y Francisca Márquez. Todos “Hicieron juramento por Dios y una cruz” de conocer de pequeños tanto a Manuel como a Dolores y haber visto difuntos a los anteriores cónyuges respectivos.

La bula es concedida en tiempos del Papa León XII, el día 18de Agosto de 1827, pero llega a Sevilla el 7 de Enero de 1828, cuando ya había nacido Josefa, hija de Manuel Y Dolores.

La bula está depositada en los archivos del Palacio Arzobispal de de Sevilla, AGAS, en la caja 9124 de los Expedientes matrimoniales apostólicos de 1827.



José Luis Tirado Fernández

lunes, 24 de marzo de 2025

EL GERMEN DE LOS CAGANCHO


DIEGO MARIANO RODRIGUEZ

Este Diego Mariano, casado con Ana María Camacho, nacidos ambos a mediados del XVIII, son los más antiguos ascendientes y hasta ahora sin más información, de esta saga de artistas trianeros.

Diego y Ana tuvieron dos hijos que se sepa, llamados Miguel Juan y Vicente. Miguel Juan estaba casado con María de los Santos Flores de la Rosa (1) y de dicho matrimonio nacieron tres hijos conocidos.

Juan Rodríguez Flores (1789) (a) El Gallego, conocido por aparecer en el relato de 1841 “Un bautizo de gitanos” Pueden seguir aquí la historia (enlace)

-Francisco Rodríguez Flores (1793)

-Manuel Rodríguez Flores (1795). Padre de Tío Antonio Cagancho

 

MANUEL VICENTE LUTGARDO RODRIGUEZ FLORES

Nació en Triana el 5 de abril de 1798 y tuvo por madrina a Antonia Jiménez. Su primer matrimonio, con Rita Ramona Moreno, se produjo el 25 de septiembre de 1818 en la Real Parroquia de los trianeros. 

En su expediente matrimonial, su padre, Miguel Rodríguez comparece para otorgar su licencia y consentimiento. Además comparecen como testigos Francisco Moreno y su esposa Luisa de Flores y Juan el Gallego y su esposa Isabel Montenegro. Ninguno de los cinco firman, por no saber.

Manuel tenía veinte años.

RITA RAMONA MORENO VARGAS

Esposa de Manuel Rodríguez Flores, madre por tanto de Tío Antonio Cagancho, hija de Juan Moreno y Juana Vargas, nació en Triana el , inscrita como Rita Ramona María del Rosario Francisca de Paula, nació el uno de septiembre de 1795 y fueron sus padrinos de bautismo Juan Filigrana Navarro y María Candelaria Lérida Arjona, matrimonio y vecinos de Triana.

 En el expediente, y siguiendo la fórmula de aquel tiempo, en sus términos, y entre otras cosas, Rita hacía juramento de 

“...que no es ni ha sido casada, hecho voto de castidad ni de religión ni ha dado palabra de casamiento sino a Manuel Rodríguez, a quien se la quiere hacer cumplir de su voluntad...”

 

De ella, habla Luis Vázquez Morilla en su libro “Silverio Franconetti y los Fillos” haciendo alusión al bautismo de un hijo de Antonio el Fillo. Alejandro, en estos términos:

Rita Moreno, la gitana que aquel día vistió al crío y lo sostuvo durante la ceremonia del Sacramento Bautismal, convirtiéndose desde aquella jornada en comadre de Alejandra y Antonio, era la esposa de Manuel Rodríguez Flores - hermano de Juan el Gallego- y madre de Antonio Rodríguez Moreno, el célebre Antonio Cagancho

 

Comete un error Luis Vázquez, ya que Rita Ramona Moreno Vargas debió morir entre 1821 -fecha de nacimiento de su último hijo, Antonio- y 1824, año en el que su viudo Manuel casó en segundas nupcias con María Dolores Velázquez Filigrana y tuvieron su primer retoño, hermana de padre de Antonio Cagancho, que se bautizó como Josefa Rodriguez Velázquez. 

El año de nacimiento de Alejandro (1834) Manuel y María Dolores ya eran padres de cuatro hijos. Su madrina de bautismo debió ser otra llamada igualmente Rita Moreno.

 

Seguiremos en esta historia larga y profusa en documentación, como para un libro, discerniendo en primer lugar el segundo matrimonio de Manuel Rodriguez Flores, el momento en el que se empezó a utilizar el apodo “Cagancho” y su explicación lógica, y otras historias del barrio más universal.

 

(1)Inscrita en otros legajos como Rojas o Roxas.


José Luis Tirado Fernández

jueves, 27 de febrero de 2025

DE TRIANA AL POLIGONO


La casita donde yo habitaba 

como era de polvito y arena 

el vientecito se la llevaba

Los que hemos nacido en la época justa para haber vivido los coletazos finales del arte de los corrales trianeros y a la vez haber podido comprobar la evolución de los trianeros llevados a habitar barriadas tan lejanas a Triana, somos testigos de toda una revolución, si bien no inherente al flamenco, si a la forma de vida y convivencia de la gente que abandonaron su barrio y fueron llevados a pequeñas casas o pisos, donde se alejaron de sus vecinos, considerados familia solidaria en momentos malos, y donde adquirieron, porqué no, una mejora de su calidad de vida en lo que respecta a habitabilidad, ya que aquellas habitaciones donde podían llegar a dormir tres generaciones a la vez, no eran el mejor sitio aunque se hallaran en el barrio más famoso del mundo, el de más arte, de más solera, con más buena gente, pero también con un índice superior de pobreza. En mi caso, con retretes comunes a los que mi abuela no me dejaba ir, porque había ratas como borricos. Me ponía en la sala un cubo con agua donde hacia mis necesidades y luego ella iba a vaciarlo. El pilón de agua, donde se hacían los fregados y se cogía agua, era el sitio donde estaba el único grifo de todo el corral. Los lavaderos también eran compartidos, y allí discutían las mujeres mientras hacían la colada, y donde también se solía escuchar algún cantecito, alguna copla, o una vueltecita por tangos.

Estos apuntes de aquella vida, en casas donde se producían derrumbes o  caídas de tejas frecuentemente, y donde nacía una higuera por accidente en la cornisa de la azotea,  podrían hacerse extensivos también al barrio de San Julián, formidable núcleo de viviendas de familias humildes y que sufrió una transformación brutal en poco menos de diez años. Recuerdo Baturone y a su alrededor los grandes solares que habían dejado los derribos, que incluso fueron utilizados en mi niñez para ubicar un pequeño parque de atracciones, hasta que empezaron las obras que conformaron las calles Corinto y Aceituno tal como hoy podemos verlas. O a la Macarena y su arrabal, donde nacieron El Pinto y Vallejo, también cuajada de este tipo de viviendas, y, en general, toda Sevilla, San Bernardo, las puertas históricas, la Calzada, el centro, la Alameda…

De allí, de sus casas, sacaron a tantos sevillanos que me resulta difícil entender cómo alguien nacido en esta urbe no tiene ningún familiar afectado por aquella diáspora. El término no es una cursilada, se trata de un inmenso movimiento de familias a las cuales llevaron a vivir a sitios muy distantes de donde habían nacido y crecido, donde habían amado y procreado, donde habían aprendido a cantar o a bailar, a tocar la guitarra, a recitar. Comenzó a mediados de los sesenta y su final vino a coincidir con la época de la reforma democrática; la muerte del dictador (1975), a la que curiosamente, y aunque no sea razonable ni ético justificar ese sistema de gobierno en el que se obliga a pensar de manera uniforme a todos los seres humanos, se puede anotar como tanto a su favor, la construcción de tantos y tantos pisos como se entregaron a trabajadores de bajos ingresos y poco -por tanto- poder adquisitivo, a los que se ofreció la posibilidad de adquirir una vivienda, pisos en su mayor parte, pagando módicas cantidades mensuales y haciendo un pago inicial de una entrada asequible.

Mientras se construían aquellos pisos, todo el Polígono Norte, las Tres Mil, las nuevas zonas de San Pablo, etc., había que alojarles en algún sitio. Para ello se inventaron los “refugios”, lugares provisionales y fabricados a toda prisa, y que luego fueron destruidos y asolados. Sobre algunos se edificaron pisos de lujo, y en uno muy significativo que recuerdo, se levantó un ambulatorio, el de Maria Auxiliadora, que anteriormente había sido cochera de los tranvías de Sevilla, en cuyo viejo y vetusto edificio de ladrillo visto, y haciendo unas separaciones algunas veces con mantas entre las infraviviendas, se alojaron muchos sevillanos. También les llevaron a sitios como La Corchuela –yo viví allí-, también hoy asolado refugio para los desalojos por ruina o desahucios de aquellos entrañables patios de brocales y macetas, un lugar de casitas sencillas, con patio interior compartido con otros tres vecinos y con agua de pozo en los grifos, aunque el Ayuntamiento acarreaba a diario agua potable a unos depósitos situados en el centro del poblado, de donde se aprovisionaba las familias.

Calle de la Corchuela

Anterior y efímero, el refugio de “Los Merinales” acogió también a algunos habitantes de patios, cuya anécdota más significativa es que había sido un campo de concentración y lugar de dormitorios de los presos republicanos que construyeron el canal del bajo Guadalquivir, conocido entre nosotros por el “canal de los presos”. Recuerdo los barracones, divididos por tabiques que conformaban las viviendas, que se reducían a una sala y un dormitorio interior sin ventanas, con luz pero sin agua corriente, y la antigua capilla del campamento, junto a la fuente del agua, hoy también desaparecida, con una imagen de la Virgen.

José Luis Tirado Fernández