El flamenco es un arte y pertenece a los artistas. Lo demás, es un exudado de su propia condición.

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domingo, 4 de mayo de 2025

PAQUITA RICO EN LA CASA DEL ARTE


ANGEL VELA, UN ESCRITOR DE CINE

Es inconcebible una historia de nuestro barrio sin las aportaciones de este trianero, periodista, escritor y cronista de nuestra querida puebla, que en sus libros, artículos y otras publicaciones ha precisado el quién es quién, el cómo, cuando y donde en materias tan diversas como flamenco, cerámica, política, poesía o teatro que atañen a esta orilla.

Sobre el séptimo arte, dejó impreso un tomo lleno de anécdotas, detalles y particularidades. Se llama “Triana, un barrio de cine”, donde se asoman trianeros que de una forma u otra han participado en esta industria: Desde Antoñita Colomé, su primer marido Antonio Triana y el hermano de éste, el pianista y compositor Manuel Garcia Matos, pasando por Micaela, Marujita Diaz, Paz vega o Antonio Canales, y perdón por las importantes omisiones, eleva la dimensión de Triana y sus habitantes en una mágica sucesión de viejas fotos, carteleras, imágenes inéditas y recortes siempre referidos al universo de la pantalla grande.

FLOR DE ARRABAL

Es el título que Ángel  propone en el apartado dedicado a Paquita Rico. Una niña nacida en un corral de vecinos, en la humildad del vecindario  de la calle Fabié, que tocó las nubes de la gloria y la fama, aquella Reina Mercedes de nuestras fantasías de chiquillo, aquella diosa con nombre de cante viejo, que aparecía junto a Alfredo Mayo en “Debla, la virgen gitana”, sueño cumplido de sus vecinas, las mocitas de su tiempo, paradigma de la belleza natural y espontánea, culmen de la delicadeza en la flor de su sonrisa. Esta foto aparece en el libro.



SOSPRESA HISTÓRICA

Francisca Rico Martínez, hija de Alberto y Francisca, aparece en esta foto, de 1959 en un visado de Brasil, publicado en la plataforma Family Search. Tenía treinta años. Más belleza no cabe.

Alberto Rico de la Fuente era vendedor de bocas y camarones, que había trabajado también como albañil y que en 1920 habitaba en el 93 de la Cava de los gitanos, junto a su esposa y una hija llamada Amparo, nacida ese mismo año. Su padre se llamaba Manuel y su madre Antonia.

La sorpresa es que Manuel lleva por apellidos Rico Cejudo, y es el primer miembro de la familia en vivir en Triana, junto a su hermana mayor Amalia, que vivía en la calle Callao. Eso me hizo profundizar más en la investigación y hallé en los padrones la respuesta y la sorpresa. Claro que su otro hermano, José era el famoso pintor. En el árbol de su genealogía consta como tal. Paquita Rico, era, por consiguiente, sobrina nieta suya.

LA CASA DEL ARTE

José Rico Cejudo fue un pintor costumbrista, que aprendió desde niño con ilustres maestros como José Garcia Ramos o Eduardo Cano, que también recibió influencias de Gonzalo Bilbao. Esta es una de sus obras, “Floristas en el parque de María Luisa”.

También, como hombre universal, fue escritor de novela corta y de ensayo, y articulista en diarios sevillanos sobre temas de arqueología. Vivió en Italia, aunque a partir de 1995 regresó a su tierra. Habia nacido en 1864 y murió en Sevilla en 1939. Este cuadro es un retrato de su cuñado, Antonio Japón Chaves, marido de Amalia. 

Y así es como la providencia une los destinos de los artistas; los genes no engañan. Y vivir en Triana ayuda, y mucho.

Terminamos con una Paquita Rico en plenitud.

 

José Luis Tirado Fernández

 

 

viernes, 15 de noviembre de 2024

LAS PERLAS DE TRIANA

 

                La Perla del siglo XIX, que aparece en el famoso relato de Estébanez  Calderón, no tiene ninguna relación con Antonia Morales Jimenez, nacida a finales de dicho siglo, en el barrio de San Julián y criada en Triana, barrio en el cual transcurrió su vida y en el que parió y crió a sus hijos.

                John Phillips, pintor escocés que visitó Sevilla en 1851, la impresionó en uno de sus cuadros.

El jerezano, sin sombrero, porque lo arrojó a los pies de La Perla 
para provocarla al baile...
El
Jerezano
, sin sombrero, porque lo arrojó a los pies de la
Perla
para provocarla al baile


                Existe una alta posibilidad de que sea la misma de “escenas andaluzas”, donde nuestro gobernador le dedica lo mejor de su poesía:

                “…Los brazos, mórbidos y de linda proporción, ora se columpiaban, ora los alzaba como en éxtasis, ora los abandonaba como en desmayo, ya los agitaba como en frenesí y delirio, ya los sublimaba o derribaba alternati…


ENCARNACIÓN, MADRE DE LA PERLA Y LOS FILLO

                De origen malagueño, Encarnación Jiménez Medrano, nacida en 1870, hija de Juan y Joaquina, que en 1900, aparece como viuda habitando la  casa de su madre Joaquina en San Roque, calle Conde Negro, 19, donde sus hijas Agustina y Antonia no constan, aunque ya existían. Igualmente, viuda en 1898 de un tal Juan Morales, habita en la calle Macasta (San Julián, Sevilla) con dos hijos, Agustín y Antonio, posiblemente un fallo de filiación, porque en 1902 aparecen en la calle Ardilla, 8 (Triana), como Agustina (1891) y Antonia (1894) Morales Jiménez, donde su madre Encarnación aparece agregada a un varón, Manuel Ortega Reyes natural de Morón, con el cual tiene una hija de un año llamada Luisa Ortega Jiménez.

                Este Manuel Ortega, nieto de Francisco el Fillo y de Maria la Andonda, es hijo de Juan y Teresa, que viven en la misma casa, Ardilla, 8. Juan es el primogénito del mítico matrimonio de cantaores, nacido en Málaga en 1856.

ANTONIA MORALES JMÉNEZ, LA PERLA DE TRIANA

                La Perla de Triana, vive en un ambiente flamenco desde la cuna; no en balde, su madre entronca en segundas nupcias con una de las familias fundamentales para nuestro arte durante el siglo XIX, los Fillo, y suponemos que no pocos cantes le escucharía a  la abuela de su padrastro Manuel, María la Andonda, que en esas fechas vivía en casa de su hijos Manuel, en la desaparecida calle Puerto, al sur de Triana. 


                Antonia aparece en 1921 viviendo en Córdoba con el sevillano José Carrasco de los Reyes, (1888) de profesión artista, padre de sus hijos Encarnación, Antonia y Eugenio, poeta popular y escritor, a quien tuve el honor de recitar unos versos el día de su homenaje trianero en el teatro Lope de Vega.

                En 1923 Antonia era profesional del cante, compartiendo cartel en la plaza de toros de Huelva con Manolo Caracol, Centeno, El Niño Gloria, Manuel Torre y Antonio Chacón.


                En 1926, una reseña en “El Defensor de Granada”, da reseña de una tournée en la que participa, con artistas de la talla de La Niña de los Peines, Juana la Macarrona o Niño Ricardo.


                La Niña de los Peines fue madrina de bautismo de su hijo Eugenio. El mismo elenco, en un diario de Córdoba


                En Badajoz, en 1929, triunfadora.


                Una anécdota. Tres días antes del alzamiento, en 1936, en la Maestranza.


                Después de terminada la guerra civil, un cartel semejante, en Granada


                No sabemos el año en que se retiró Antonia, pero su hijo Eugenio contaba que el se preocupó de que abandonara esa vida de farándula y ajetreo, de vivir trasnochando y a veces por unas monedas en fiestas de señoritos, como en esta foto, de pie, la segunda por la derecha.


                Grabó en la Antología del cante flamenco y gitano, recopilada por Antonio Mairena. De dicha obra, son estos fandangos



                 Falleció el 25 de agosto de 1972, de un accidente de tráfico. Esta es su esquela.


TRES HIJOS, TRES PERLAS

                Eugenio fue cantaor, pero perdió la voz muy joven y ya de mayor aprendió a leer y escribir hasta convertirse en autor de libros, que publicaba y que él mismo vendía, a cuantos tenía oportunidad de encontrarse por la calle, en los bares, los mercados…os

                Fue compositor de letras flamencas, obteniendo éxitos tales como “Me tocó perder”, que popularizó el malogrado Turronero.

                Triana le ofreció un homenaje en vida, en el Lope de Vega, en Noviembre de 2012. Toda Triana y todo el mundo del flamenco concurrió. Este fue el cartel de aquella memorable noche.


                Antonia y Encarnación formaron parte de Triana Pura, pero fue esta última la que participó más activamente, sobre todo cuando a finales de siglo “El probe migué” fue una explosión de éxito y consiguieron llevar el nombre de Triana y su pabellón a lo más alto no ya de las listas nacionales, obteniendo discos de oro, sino al ámbito internacional, donde tuvo gran repercusión.


                En este video podemos apreciar su arte, en el Lope de Vega, con toda su Triana Pura…


 José Luis Tirado Fernández

Para maria Luisa, la Perla de mi casa.

domingo, 6 de noviembre de 2022

MI ESCOBA Y YO. LIBRO DE POEMAS

 

MI ESCOBA Y YO

 

Libro de poemas de Juan Manuel Flores

                He descubierto, aunque había leído en facebook algunas prendas de su pluma diversa, a un gran poeta. Su libro, un ramillete fresco y apasionado de dardos que duelen al leerlos, siempre con el flamenco presente

La  soleá de Triana

sólo la cantan los duendes

que nacieron pa cantarla

y por supuesto, Triana, su barrio

Vinieron porque vinieron

y se quedaron prendidos

de los besos que mi barrio

 pone en la orilla del río

en la técnica de moldear o el dominio del metro y el encaje

Se me ha caído el alma

por la baranda del puente

y se ha perdido en el agua

                El tiempo, el dolor, las luces y las sombras van apareciendo según uno  avanza en su lectura, que se me antoja un prado verde, donde van apareciendo moras y naranjas, que dejan en el paladar este dulzor:


José Luis Tirado Fernández

miércoles, 8 de diciembre de 2021

CARLOS HEREDIA

 


        Carlos fue una de las mejores personas que he conocido. Es el niño guitarrista que aparece en "Rito y geografia del cante", en el que aparecen también Carmelita Montoya, Bobote y Remedios Amaya. 

        Era un hombre tranquilo, amable, un buen gitano que acudía con sus padres a tomar café en el bar que a últimos de los setenta tenía mi padre en las 3.000. Recuerdo a su padre, un hombre especial, de mucha simpatía que entraba diciendo "Buscavía...". Descendiente de la fragua trianera de los Bermúdez, en la que nacieron el suegro de Tomás Pavón, y los hermanos Culata, Carlos era reconocido y admirado por todos cuantos le conocían y seguían su trayectoria y su obra. 

        La foto es de unas actuaciones que tuvo en la peña "Niño de la Alfalfa", en la calle Castellar, donde pude escucharle por última vez, aunque coincidí con él algunas noches en La Carbonería. Nos dejo hace seis años y me parece que fue ayer cuando recibí la noticia de su ausencia. Vayan en su honor estas líneas y en su memoria la certeza del cariño que le tuvieron aquellos que le conocieron.

        Y para muestra, la calidad y el arte de Carlos.


José Luis Tirado Fernández

domingo, 20 de diciembre de 2015

MANOLO GARRIDO


                Ha sido una pura emoción conocer a este hombre, que a los noventa y dos años, ha estado este domingo tarareando algunas de las sevillanas que compuso, acompañado de mi humilde sonantilla; este espíritu libre,  humilde y sonriente, que desgrana arte a cada frase, que inunda de bienestar el ánima de quien le acompaña, verso empedernido en los labios, sal fina en la palabra, que me ha imprimido su sello y ha sembrado marejadas en mi temple, que me apremia, tras saber quién es y cómo se conduce, a festejar su existencia, a agradecerle compartir su mesa, y decirle en estas línea lo que siento.
                Que me arrepiento de no haberle conocido antes, ya que pude, que guardo en el interior de los atrios del corazón el recuerdo de este día, que me avergüenzo de no haberle admirado más, de no haber profundizado más en su obra, de no haber escuchado más sus creaciones.
                Un momento relevante: “yo  creía que era poeta hasta que leí lo que tú escribes”, frase que me ha dedicado y que le acepto siempre que signifique su apoyo leal y solidario hacia todos los poetas que frecuenta, como suele decirse: “eso se lo dirá usted a todos”, un cumplido en toda la extensión de la palabra, pero que estimo demasiado exagerada como valoración de mi arte si iba en serio.
                Porque al cabo, quien lo dice, es autor, entre otras “cosillas”, de la sevillana más universal, “El adiós”, que cantaba hasta el papa de Roma, del himno de la Esperanza de Triana, de las nanas de la señá Sant´ana, y de tantos y tantísimos versos con los que hemos crecido y que nos han ilustrado en el amor de nuestros amores: Triana, las devociones, la historia y las  costumbres más hermosas de nuestro pueblo.
                Espero volver a verle pronto, percibir de nuevo su arte, su aura prodigiosa, la frecuencia de los elegidos a su alrededor, la dulce cadencia de sus movimientos, o pedir otra ronda, otra tapa de merluza en amarillo o escucharle llamar a Pastor, su cuidador, para hacerle un encargo, como lo hace un padre.
                Pero este genio me va a permitir que prescinda de hacerle algún poema porque no me considero digno de escribir la primera línea siquiera. Le dedicaré, entonces, el poema sentimental de mi admiración y mi gratitud. Y el reconocimiento ineludible de su maestría.



José Luis Tirado Fernández

lunes, 16 de marzo de 2015

TESTIMONIO GRÁFICO. MANOLETE EN LA FERIA DE SEVILLA



                Esta foto me la facilita Manuel Benítez, ilustre novillero, flamenco y sevillanista donde los “haiga”. Está tomada a mediados de los años cuarenta en la Feria de Sevilla. Los personajes que aparecen a su alrededor, populares y cotidianos en el real, son, según me cuenta Manuel:
Con el número 1, Pepe Benítez, su padre.
Con el 2, Pepe Valencia, el saetero de la Hermandad de los Gitanos, cuyo azulejo luce en la calle Cuna.
foto del blog “Esa Sevilla”
Con el 3 el famoso “Conde de las natillas”, José Martínez López, maestro confitero de “La Campana” y componente de la peña humorística “Er 77”
 
imagen del blog “Desde mi torre cobalto” de Emilio Jiménez Díaz.
Con el 4 Pepe Cordero “El corbata”, gandinguero del mercado de la Encarnación y con el 5, “El Loqui”, pescadero del mismo mercado.


sábado, 17 de enero de 2015

UN TESTIMONIO SOBRE ENRIQUE “EL ALMENDRO”

             
                 Mi  querido y más que admirado profesor Don Manuel Filpo Cabanas, me remite un escrito, que por su calidad literaria, valor sentimental  y legítima joya de las vivencias de la Sevilla de aquellos años, reproduzco entera, sin retoques ni adornos. No le hacen falta. Juzguen ustedes mismos.


El Almendro

<< Lo dijo Antonio Machado: «Si es bueno vivir, todavía es mejor soñar, y lo mejor de todo despertar». Pues tu semblanza sobre El Almendro, fotografía incluida, despertó muchos recuerdos de mi infancia y juventud. El dormitorio de don Enrique y doña Rosalía pisaba el de mis padres, lugar de mi nacimiento en un caluroso 24 de julio de 1940 en la calle Santa Ana, 18. En muchas ocasiones mi madre esperaba la llegada de don Enrique para ofrecerle en la planta primera una silla para que descansara, dada su obesidad. Lo vuelvo a escuchar con su voz profunda tallada por el cante, entrecortada por el esfuerzo: «Doña Mercedes, muchas gracias, estas escaleras cada día se vuelven más altas… ¡qué bien me viene este descansito! Muchas gracias».
Solo la familia Ortega tenía teléfono, el 27.0.12. No resulta necesario decir los ofrecimientos para que lo usásemos. Ahora, cuando desde mi actual domicilio, justo enfrente de la casa, observo los dos balcones, me aumentan las vivencias de una querida familia envuelta, como tantas, en las muchas dificultades de una posguerra que, aunque siempre indeseada, creaba unos lazos de sinceros afectos próximos a un cariño sin paliativos.
Llegados los fríos de diciembre, veo a doña Rosalía con toquilla y permanente sonrisa, ojos negros, tez blanca, moño de pelo salido de un cuadro de Romero de Torres, contrapunto de un marido con señorío y curtido en los ruedos de la vida. Cada cual con sus rasgos apaciguaban algunas trifulcas entre los dos hijos varones: Enrique, el mayor, rubio, funcionario destacado de Hacienda y Manolo, sano, de generoso físico, pero algo tarambana. Rosa y Amalia eran dos bellezas impresionantes. La primera, casada con el banderillero Antonio Almensilla, era el prototipo de la mujer gitana andaluza, cariñosa, dicharachera. Le decía a mi madre: «Mercedes, tu hijo crece para mejor: más guapo y buen mozo», entre mis rubores adolescentes… La segunda no quedaba atrás, más dulcificados sus rasgos pero de bondadoso trato. Amalia tuvo tres hijos;  el mayor, Enrique Henares, abogado, dio un Pregón de Semana Santa hace unos cuatro años. 
¡Agua, por favor, cerrad los grifos un ratito! Constituía una frase que resonaba en el patinillo porque la presión no permitía que subiese a las plantas altas. Igual las escaleras impregnadas con  frecuencia por los gratos olores de los platos que intercambiaban el grupo de los siete vecinos. ¡Qué tiempos …!



«¡Señorita, póngame con Jerez, sí, ya le llamé antes pero sigo sin línea… ¿Que no es  posible? Por favor, hágalo…!». Expresiones altisonantes que resonaban en la calle cuando don Enrique necesitaba hablar para atar las representaciones vinícolas.
Ahora, cuando uno se hace mayor sin saberlo, se activa una infancia dormida, preludio del misterioso círculo vital. La familia de los Ortega y la del bajo, Heredia, gitanas de porte y clase, contribuyeron a que entendiese la vida con sus diferencias. Comprensión basada en algo fundamental: un profundo respeto que, inevitablemente termina en afectos profundos.
Termino con una disculpa. Tus trabajos —el adjetivo ‘magníficos’ lo encuentro raquítico— me llegaban por eso que llaman Span. No sé de dónde saqué el alarmismo de que los borrase sin abrir, y sin más. Hasta que no hace mucho me dijeron que no pasaba nada. Entonces allí encontré algunos de tus sorprendentes por estéticas, amenas, instructivas y elaboradas publicaciones.  
Gracias por tus envíos. Besos para tu mujer y parabienes para la familia.
Un abrazo,  >>



  



lunes, 5 de enero de 2015

LOS CUADROS DE GENARA BARRANQUERO (II)



Dice Genara, entre otras cosas, en un mensaje lleno de ternura:

…este curso tengo entre manos un toro de miura, eso le dije a mi nieta,  cuando me dijo lo que queria que le pintara, nada mas y menos que la torre Eifeel de Paris, y con solo un ojo y a mi edad sin pulso, he tenido veces que he querido renunciar, pero ya con este mes si Dios quiere la termino y sin haber pintado nunca en mi juventud, lo miro y mas bien me parece un milagro, alguien me está ayudando…

















martes, 21 de octubre de 2014

VUELVE LA PLUMA NEGRA

              

  Hace tiempo que La Pluma Negra, seudónimo que utiliza mi amigo Pedro Sánchez Morilla, no interviene en el blog. Diversas causas han aplazado esta nueva entrega en la que, como todos saben, volverá a volcar emociones, conflictos y decepciones sobre sus personajes, transmitiendo al lector sus padecimientos y sus sentires. Espero que les guste, se la recomiendo.

***


     Nicolás estaba enamorado de su prima. Eso suponía un problema porque habían crecido juntos y ella era como una hija para sus padres. Aun habiendo compartido la niñez como hermanos, la pasión se había desatado en su corazón y lo que sentía por Emilia era amor. Nadie podía quitarle ese sentimiento El deseo era mayúsculo. Además mientras más lo sufría en silencio más evidente se volvía. ¿Cómo solucionar eso? La disyuntiva era clara. Evadía sus sentimientos e intentaba hacer una vida infeliz o seguía lo que su corazón le dictaba y desvelaba su secreto. Por supuesto que era un misterio. A nadie conocido se había atrevido Nicolás decir lo que sentía. Ni a sus primos, ni a sus hermanos ni tan siquiera a sus padres. A estos últimos no se atrevería jamás, pensaba.
     La naturalidad con la que Emilia le trataba era más caótica para él. Ella mantenía una relación de absoluta confianza. No hacía nada malo. Lo veía como a un hermano y su trato era cordial. Intimo sería lo  correcto.
     Emilia tenía un año menos que  él y ambos era los mayores de los hermanos. Pablo era como se llamaba el hermano de Nicolás. Y era este el primero que lo sabría. Estaba dispuesto a contárselo para saber cuál era su opinión. Si este lo aceptaba bien se atrevería a pedirles a sus tíos la mano de su prima.
     Pero, ¿qué opinaba Emilia de  Nicolás? El se lo preguntaba cientos de veces al día. Pensaría de él que es un chico atractivo. Fuerte. Simpático. O quizás no se habría fijado en esas cualidades y no veía más que lo evidente. Lo simplón y rasante que era. Porque Nicolás, cuándo tenía momento en los que la debilidad le podía pensaba de él que era del montón. Demasiado simplón y rasante. Tenía  una estatura media. Con el pelo rizado y encrespado. Más bien encrespado. La nariz era gorda y achatada y la piel oscura. Sin embargo, Emilia tenía una piel clara como el agua. Trasparente, pensaba Nicolás. Fina cómo las plumas de un cisne. Y sus ojos eran de una belleza inefable. Estaba tremendamente enamorado de Emilia.
     Su desdicha continuaría en silencio. No se atrevería a romper la armonía que existía entre las dos familias por un capricho. ¿Capricho? Pablo tenía que saberlo y opinar. Su hermano era la primera barrera que romper. Y además una opinión importante. Nicolás respetaba mucho las ideas de Pablo aunque este tuviera tan sólo quince años. Con un miedo tremendo. Como si estuviera hablando con su padre habló con él.
     No sabía por dónde empezar. Lo primero que hizo fue decirle que tenía que contarle algo en lo que le iba la vida y Pablo se asustó. Pensó que había tenido problemas con el juego o con alguna mafia. Su temor  era tremendo. Se aterró bastante. Tuvo el corazón cogido en un puño hasta que su hermano habló. La verdad es que cuando escuchó lo que Nicolás tenía que contarle  pensó  que una deuda de juego, si era pequeña, le hubiera caído mejor. ¿Cómo puedes ver a una hermana como a una mujer? Fue lo que le preguntó. Se dan muchos casos en los que los primos se casan y tienen hijos. Hay infinidad de ejemplo de esto. No es tan grave. Lo único es que haré daño a todos, ¿no?  Entonces, ¿qué puedo hacer? Le preguntó directamente al hermano. Habla con ellos, con nuestros padres. Y sobre todo habla con Emilia.
     Nicolás se armó de valor y fue a casa de Emilia y la invitó a que se sentara en el jardín con él. Primero le había dicho que tenía una cosa muy importante que contar. Ella dejo claro que no era una mujer para las cosas transcendentes. Nicolás le dijo que era la mujer ideal para esto y que la confianza que tenía en ella era ingente. Emilia dudo de lo que le decía de manera tan sería Nicolás. Entonces hizo lo que había venido a hacer. Confesó su amor a Emilia. Esta se quedo algo perturbada. No esperaba la confesión. Era lo último que hubiera pensado en este mundo, porque ella estaba destinada a Dios. Era la decisión que había tomado en secreto y que tan solo conocían sus padres. Nicolás quiso morir. Lo llevaba madurando desde hacía mucho tiempo y la decisión estaba tomada. Compartiría su destino con el rezo y la plegaria. Y con más hermanas. Tu, para mi serás un hermano al que le tendré un cariño especial pero mi vida está en la manos de Dios. Por supuesto que era una decisión sobre la que no discutiría con él. Había hecho bien en confiar en ella y haberle contado su secreto. Había hecho bien ella y ser sincera con la proposición de Nicolás. Por lo menos sabía que no competía con otro hombre sino que nada más y nada menos  que contra Dios.
     Nicolás volvió a casa y se acostó en la cama. Pasó algunas horas pensado en Emilia y en su decisión. Estaba impresionado. No le había notado nada en especial que hiciera presagiar su futuro. No era sencillo aceptarlo. Quizás no lo aceptaría nunca. Ella era especial para él. No tenía nada más que ofrecer en la vida que su amor a Emilia. Pero se le ocurrió una cosa y llevaría su determinación hacia el extremo. Haría carrera en el ejército. Así que hablo  con su padre. Espero la bendición de la madre y la comprensión de Pablo.  En esta breve historia de amor Dios y la patria habían ganado.

lA PLUMA NEGRA

domingo, 21 de septiembre de 2014

¿DÓNDE ESTÁ LA FRONTERA DE MORÓN?


Aviso: Yo no soy un crítico de flamenco, sólo 
escribiré sobre lo que pude ver anoche.

                Para ser un espectáculo que hipotéticamente iba a estar dedicado al baile (por su título), nos ofreció algunas emociones fuera de programa y algún que otro detalle inesperado. Personalmente, cuando se asiste a un evento –me gusta la palabra- relacionado con lo que a uno le gusta, pero rodeado de buena gente como yo lo hice anoche, con dos amigos entendidos, cabales y de los que siempre se puede aprender, anota uno en su cartera algunas percepciones para las que uno por su cuenta no anda preparado. “Istinguí” puede ser el término adecuado; mi campo de visión y audición fue más amplio gracias a ellos.
                El elenco se había reforzado con Juan José Amador, un hombre forjado atrás y para quien la bienal, Señor Ortega, debería haber tenido –para él solito y si es con su familia, mejor- un espacio, aunque fuera pequeñito, Santa Clara mismo. De cualquier manera lo veremos allí el día 2 de Octubre embutido entre dos cantaores extremeños. Junto a Moi de Morón, David el Galli y Guillermo Manzano, dejaron para empezar, un buen sabor de boca por bulería.
                Diego de Morón nos trajo o nos quiso traer la invocación profunda del otro Diego, que anduvo sobrevolando en espíritu el hotel mientras que el hijo de Joselero andaba fallón y falto de inspiración, brillando puntualmente en algunas falsetas de su maestro, que el público jaleaba. Diego del Gastor gozaba tocando y hacía gozar a quienes le escuchaban. Este otro Diego pone a la audiencia a ras de suelo, porque los años no pasan en balde, los fantasmas del futuro se alimentan de talento, y andan a la espera para comérselo y dejarnos sin él.
                El Director de la Bienal estaba por allí, también, alternando con los aficionados y disfrutando del flamenco.
                Pepe Torres bajó a las cuevas del arcano, para recoger la gema de lo jondo y entregarla a un público que vibró entonces con sus movimientos, ramalazos de un tiempo ido e irrecuperable, momentos de pasión de otras anchuras y otros colores. Soleá, difícil ese palo.
                Antonio Ruiz el Carpintero es a quien yo iba a ver. Le conocí en la cava, en una noche de encanto, charla amistosa y duende en la que precisamente faltó el cante, ausencia corregida ayer en el Hotel Triana, donde pude apreciar sus virtudes. Antonio es un hombre que se pelea con su voz, en una bella expresión del poeta Agustín Pérez, que no hace concesiones a la galería y que emociona con sus maneras de entenderlo. El cante es su amigo. Yo también.
                Moronense, bailaora y esposa de otro gran cantaor, Rafael de Utrera, dejó notas de grandeza en el vuelo de sus brazos y en el compás de sus tacones. Los de atrás no le iban a la zaga. A esto debería referirse el título de la función. A Carmen Lozano.
                Dani de Morón cambió el esquema; de las puntadas sin hilo de Diego pasamos a una forma de toque moderna, impecable, por su técnica y su limpieza, que envolvía en un mágico ambiente a los asistentes. A lo mejor le habían dicho que Tomatito andaba entre el público, y aunque en arte no existen las divisiones y todo el mundo es de la LFP, estoy seguro de que esa presencia le hizo crecerse. Le acompañaron a la bulería final los dos artistas que más han trabajado esta Bienal –posiblemente no los que hayan cobrado más-, los Mellis, dos cajas de ritmo con forma humana, que hicieron ancho el camino al guitarrista.
                Bailó con entereza este joven, Jairo Barrull, nacido en la Macarena pero entroncado en el linaje de la familia de Diego del Gastor,  e hijo del bailaor Ramón Barrull. Creí verle flotando en el aire en las escobillas finales, tal era la quietud de su torso mientras que las piernas se convertían en un “sfumato” ágil y sin contornos. No soy muy experto en bailes, pero me sorprendió este muchacho sobre el escenario.
                Y llegada la fiesta final, donde todos pusieron su talento al servicio del compás, dejamos el Hotel después de felicitar al Galli, al que he podido escuchar en otras actuaciones en peñas y que cada vez me parece más afinado y seguro. Nos fuimos con buen sabor de boca convencidos de que la frontera de Morón, tomada en su acepción de límite, se adivina lejana cuando se asiste a una demostración de arte y compás como el que vivimos anoche.


José Luis Tirado Fernández

viernes, 5 de septiembre de 2014

BARBERO

Dedicado al Barbero de Sevilla.
Ar de Rossini, no,
ar de Amó de Dió.
                                                                     Anda vete, anda vete,
barbero loco,
que mi mare no te quiere,
ni yo tampoco.
Popular


Su negocio es un museo
y sus tertulias recreo,
reuniones distraídas
donde no cabe el mosqueo,
sacan a escena el boxeo,
y de futbol, sin rodeo,
sus colores sin medida
en un sano chismorreo:
si no hablan de toreo,
hablarán de las corridas.
¿Ta´enterao?

De Sevilla, sevillón,
aunque este nos ha salido
indomable verderón,
querido por su afición
y speaker del alirón
de ese tiempo que se ha ido.
Paulao.

Si me siento en el sillón
sabiendo de mi pasión
por el rojo de Nervión
no te arriendo lo obtenido,
que me encuentre el sorpresón
del súbito trasquilón
en el revés de un descuido.


¡Con qué carácter maneja
las tijeras y cuchillas!
y lo mismo te aconseja,
que te recorta las cejas
los pelillos de la oreja
que te iguala las patillas,
que hasta te ajusta la capa
te pone la cara guapa
la insignia de la solapa
y aceite en la lamparilla.
Como está mandao.

Por no aburrir al cliente
enciende un mágico ambiente
y al final, magistralmente,
por el arte de la guasa,
te ondula el caracolillo,
te guillotina el flequillo
y después te dice: “quillo,
ya puedes tirar p´acasa”.
Arreglao.

Cerquita de la Alameda
es donde nos toma el pelo,
mas, no sé porqué, me huelo
que con el que mi me queda
tendrá poquito currelo,
así que el lunes me ajusto
y si no me pasa ná,
en su local me tendrá.
Y como sé de su gusto,
le dejo una soleá:

No tengo duda ninguna,
las tortas de Inés Rosales
son retales de la luna.


José Luis Tirado Fernández