El flamenco es un arte y pertenece a los artistas. Lo demás, es un exudado de su propia condición.

miércoles, 12 de agosto de 2026

EL TRASPASO DEL SALÓN SILVERIO


El cuatro de marzo de mil ochocientos ochenta y uno, Silverio Franconetti y Manuel Ojeda ponen negro sobre blanco lo que suponemos hacía tiempo que se venía fraguando: la disolución de la sociedad de ambos. Al final de esta página, hay un enlace a una transcripción del documento, con una datación previa. Es un texto tecleado, sin corregir, porque las faltas de ortografía las he dejado tal cual, y otras se las ha comido el corrector.

 En esta entrada que hice sobre El Burrero,

 https://miflamencoymipoesia.blogspot.com/2020/05/cafe-del-burrero-primera-parte.html

 dudé sobre esa sociedad e incluso la existencia misma de Frasquito el Manga, cuestión que sigue -la de Frasquito- en el aire, ya que no aparece por ningún sitio en el escrito, normalizado y formalizado ante Notario. Y lo hacen de la manera más lógica y fácil posible. La tercera parte es Manuel María Bonilla y Giraldez, posible dueño del local o edificio que había sido enajenado a la Iglesia en 1868 y que anteriormente fue abandonado por las monjas. También podría ser un representante de la propiedad, aunque no se especifica.

El proceso fue así: ellos venden el contenido del café cantante, muebles, enseres, bebidas, etc. a Bonilla por mil quinientas pesetas, las cuales reciben. Luego, Manuel Ojeda, recibe el dominio sobre el establecimiento a razón de setecientas pesetas anuales de alquiler. Manuel Ojeda entrega el importe del primer año y recibe carta de pago. Silverio queda sin responsabilidad. Así firman excepto Ojeda que no sabe, y poco más en lo legal.

Pero el documento contiene datos muy interesantes, como la profesión de Silverio, “artista cantante”, cuyo último deseo y último del escrito es que el título de “Salón de Silverio” existente en la puerta, se retire de inmediato. Y firma de su puño y letra poniendo “Silberio Franconetti”.

 



En cuanto a las curiosidades, son diversas y algunas sorprendentes, como la existencia de cuatrocientas sillas. Supongo que le vendrían bien a Manuel para su café de verano. El local era mucho mayor de lo que yo suponía. Nos ilustra también sobre cómo se iluminaba el establecimiento, cómo se hacía el café y que no sólo se bebía vino sino que se elaboraban ponches.

 Supongo que Franconetti saldría de allí corriendo a dar la señal del café cantante nuevo de la calle Rosario, que abrió al mes siguiente, pero... Realmente, ¿quién era el propietario del café cantante de la calle Rosario? En otra próxima entrada, hablaremos sobre ese término y otros, sobre su suegro, su casa, sus pertenencias...

 Próximamente en este salón...

 Ver el documento aquí: 

DOCUMENTO

José Luis Tirado Fernández