Esculpen en los oídos estrépitos
de tormenta concebidos en los golpes del cincel de su frecuencia; los viejos alzan
el macho y el candil de la experiencia, maldicen, miran de reojo, levantan la
ceja izquierda, suspiran y se acomodan, se
paran, buscan, observan, ven de soslayo las caras, y si nada les molesta, adornan
con su quejío la premisa de la fiesta.
Los cantaores viejos disimulan lo
que cantan, pero cantan lo que piensan, entonan letras de hiel, no guardan las
apariencias, reniegan resueltamente del
entorno hostil, recelan del halo presuntuoso de quien paga las bandejas, desdeñan
el pan que ganan cuando amarga la corteza, así que el hambre les doble y las
tripas les retuerza.
Por eso, con el primer temple, importan,
venden la pena, arrancan sin previo aviso, vista al cielo, suplican, ruegan; en los pliegues de los párpados añejo dolor encierran,
y en los surcos de la frente saber de pasadas épocas.
Salen, y cuando salen, con la garganta y la lengua, manifiestan su caudal,
invocan su parentela y se acuerdan de sus muertos hasta que por fin asientan en
el compás del bastón sus voces de plata
vieja.
Esta
foto me la facilita Manuel Benítez, ilustre novillero, flamenco y sevillanista
donde los “haiga”. Está tomada a mediados de los años cuarenta en la Feria de Sevilla.
Los personajes que aparecen a su alrededor, populares y cotidianos en el real,
son, según me cuenta Manuel:
Con el número 1, Pepe Benítez,
su padre.
Con el 2, Pepe Valencia, el
saetero de la Hermandad de los Gitanos, cuyo azulejo luce en la calle Cuna.
foto del blog “Esa Sevilla”
Con el 3 el famoso “Conde de las
natillas”, José Martínez López, maestro confitero de “La Campana” y componente
de la peña humorística “Er 77”
imagen del blog “Desde mi torre cobalto” de Emilio Jiménez Díaz.
Con el 4 Pepe Cordero “El
corbata”, gandinguero del mercado de la Encarnación y con el 5, “El Loqui”, pescadero
del mismo mercado.
En el Círculo Mercantil, calle Sierpes 65, pronunciaré, Dios mediante, el Pregón de las Siete Palabras. Agradeceré su compañía a todo aquel que, no teniendo nada mejor que hacer, decida presentarse en el salón de actos, a las 20.30. Va a salir bonito.
…he
estado esta mañana en el médico. - ¿Qué te ha dicho? Que si tengo pagado el
último recibo del Ocaso…
***
…y tengo ya tantos libros que no
me caben en las estanterías, así que tengo un problema, no sé si regalarlos o devolverlos…
***
…Por
favor, un café con leche. -¿Algún dulce, señora? –No… no como dulces, sólo los que
me regalan…
***
…me caso y me compro un piso
bajo en la calle Arroyo, viene la arriá y llega el agua al techo, me mudo a un
cuarto en la calle Sol, se pone mi hijo malo y el médico me dice que sin
ascensor, no sube, me mudo a un séptimo con ascensor y llega un terremoto que
me tembló hasta el bigote, estuve tres días durmiendo en el aeropuerto con mi
mujer y mis niños… la verdad es que ya no sé dónde irme a vivir…
***
…tan
guarra, tan guarra, que antes de lavarle la camisa al marido le compraba una
nueva…
***
…y
mientras que uno me afeitaba el compañero le decía que el perro es el animal
más listo de todos, y el otro que el gato, y así durante toda la faena. Al final, me
levanté y les dije a los dos barberos: ¡El animal más listo es el chivo, que se
deja la barba para no tratar con ustedes!
***
…¿Cuándo
le vas a poner las peras al cuarto a ese fanfarrón? – Déjalo que ande, que así le veo mejor la cojera…
Miquerido y más que admirado profesor Don Manuel
Filpo Cabanas, me remite un escrito, que por su calidad literaria, valor
sentimentaly legítima joya de las
vivencias de la Sevilla de aquellos años, reproduzco entera, sin retoques ni
adornos. No le hacen falta. Juzguen ustedes mismos.
El Almendro
<< Lo dijo
Antonio Machado: «Si es bueno vivir, todavía es mejor soñar, y lo mejor de todo
despertar». Pues tu semblanza sobre El
Almendro, fotografía incluida, despertó muchos recuerdos de mi infancia y juventud.
El dormitorio de don Enrique y doña Rosalía pisaba el de mis padres, lugar de
mi nacimiento en un caluroso 24 de julio de 1940 en la calle Santa Ana, 18. En
muchas ocasiones mi madre esperaba la llegada de don Enrique para ofrecerle en
la planta primera una silla para que descansara, dada su obesidad. Lo vuelvo a
escuchar con su voz profunda tallada por el cante, entrecortada por el
esfuerzo: «Doña Mercedes, muchas gracias, estas escaleras cada día se vuelven
más altas… ¡qué bien me viene este descansito! Muchas gracias».
Solo la
familia Ortega tenía teléfono, el 27.0.12. No resulta necesario decir los
ofrecimientos para que lo usásemos. Ahora, cuando desde mi actual domicilio,
justo enfrente de la casa, observo los dos balcones, me aumentan las vivencias
de una querida familia envuelta, como tantas, en las muchas dificultades de una
posguerra que, aunque siempre indeseada, creaba unos lazos de sinceros afectos
próximos a un cariño sin paliativos.
Llegados
los fríos de diciembre, veo a doña Rosalía con toquilla y permanente sonrisa,
ojos negros, tez blanca, moño de pelo salido de un cuadro de Romero de Torres,
contrapunto de un marido con señorío y curtido en los ruedos de la vida. Cada
cual con sus rasgos apaciguaban algunas trifulcas entre los dos hijos varones:
Enrique, el mayor, rubio, funcionario destacado de Hacienda y Manolo, sano, de
generoso físico, pero algo tarambana. Rosa y Amalia eran dos bellezas
impresionantes. La primera, casada con el banderillero Antonio Almensilla, era
el prototipo de la mujer gitana andaluza, cariñosa, dicharachera. Le decía a mi
madre: «Mercedes, tu hijo crece para mejor: más guapo y buen mozo», entre mis
rubores adolescentes… La segunda no quedaba atrás, más dulcificados sus rasgos
pero de bondadoso trato. Amalia tuvo tres hijos; el mayor, Enrique Henares, abogado, dio un
Pregón de Semana Santa hace unos cuatro años.
¡Agua,
por favor, cerrad los grifos un ratito! Constituía una frase que resonaba en el
patinillo porque la presión no permitía que subiese a las plantas altas. Igual
las escaleras impregnadas con frecuencia
por los gratos olores de los platos que intercambiaban el grupo de los siete
vecinos. ¡Qué tiempos …!
«¡Señorita,
póngame con Jerez, sí, ya le llamé antes pero sigo sin línea… ¿Que no es posible? Por favor, hágalo…!». Expresiones
altisonantes que resonaban en la calle cuando don Enrique necesitaba hablar
para atar las representaciones vinícolas.
Ahora,
cuando uno se hace mayor sin saberlo, se activa una infancia dormida, preludio
del misterioso círculo vital. La familia de los Ortega y la del bajo, Heredia,
gitanas de porte y clase, contribuyeron a que entendiese la vida con sus
diferencias. Comprensión basada en algo fundamental: un profundo respeto que,
inevitablemente termina en afectos profundos.
Termino
con una disculpa. Tus trabajos —el adjetivo ‘magníficos’ lo encuentro
raquítico— me llegaban por eso que llaman Span. No sé de dónde saqué el
alarmismo de que los borrase sin abrir, y sin más. Hasta que no hace mucho me
dijeron que no pasaba nada. Entonces allí encontré algunos de tus sorprendentes
por estéticas, amenas, instructivas y elaboradas publicaciones.
Gracias
por tus envíos. Besos para tu mujer y parabienes para la familia.
Viene
a cuento porque en el "ligao", que es el tema a tratar en esta entrada, los tercios
tienen una importancia fundamental ya que lo que se liga cantando,
precisamente, son los tercios, modificando la estructura del cante, uniendo,
dos o más en algunos casos, o encadenando en un solo tercio toda una estrofa,
como en esta soleá del Zurraque que nos dejó Antonio el Arenero,
Si a ti te quiere tu mare
y
a mi me quiere la mía
y a ti te quiere de noche
y a mí de noche y de día.
quien
la realiza sin respirar, de un tirón, es decir, en un solo tercio.
¿Se "istingue"? Pero, como casi siempre, como paradigma del cante, cito a Tomás
Amapolas de un trigal
corté flores de un almendro
y amapolas de un trigal
y comparé sus colores
con los tuyos, soleá,
cuando me hablas de amores
1:08
Convierte dos estrofas en un tercio, sin respirar.
1:23
hace lo mismo en la ”e” de “colores” en una hermosa escala.
Por
lo general, todos los cantaores ligan, aunque se den casos y casos; hay otros
que se lo tragan, suave, profundo, y otros que se paran. ¡¡¡Pero pararse hay
que pararse!!! Claro que sí, amigo, me has pillado, pero pararse cuando se
debe, porque hay primeras figuras, y no señalo, que se paran cuando no deben, a
verlas venir (compás). Y están ahí, viviendo de eso. De otros se dice que ligan
poco; a lo mejor es que no tienen esa capacidad, o, en honrosos casos, cargan toda la melodía en
medio de las estrofas. Eso tambien es cantar bien, pero, personalmente,
prefiero el “ligao”
A veces, se puede ligar con
una frase que no corresponde a la estrofa original, alguna palabra suelta, óles
o un embuste; tenemos un ejemplo en estos fandangos de Caracol, en los que
suelta un “porque” de su propia cosecha
entre los dos versos “Carmen la portuguesa (liga en 1:20) los lleva p´acá y
p´allá…” El que puede, puede.
Tres
elementos fundamentales tienen que darse para mantener un “ligao”; en
principio, la capacidad pulmonar, la melismática y sobre todo, un sentido rítmico, lo que en flamenco, por lo general, suele
llamarse “tener compás”, y que para hacer estas cosas, en los “ligaos”, como
dice el título de esta entrada, hay que disponer de esa habilidad, un absoluto
control del manejo del compás, porque hay algunos que se pierden en el adorno
desmesurado y entran tarde, mal y nunca.
Ha
habido, a lo largo de la historia del flamenco, muy buenos maestros del
“ligao”, como Carbonerillo, Vallejo, Terremoto en su soleá, ay, ay, y tantos
otros, como, por supuesto, Pastora. A ver qué piensan de ese “no” 0:37 que
borda entre “que te quería no lo niego” ¡Qué difícil!
También
se “istingue”, ¿o no? Lo mejor de la historia. Pues eso. Y como siempre,
recuerden que estas entradas son visiones particulares, sin intención didáctica
alguna y responden a opiniones personales.
Dice Genara, entre otras cosas, en un mensaje lleno de ternura:
…este curso tengo entre manos un
toro de miura, eso le dije a mi nieta,
cuando me dijo lo que queria que le pintara, nada mas y menos que la
torre Eifeel de Paris, y con solo un ojo y a mi edad sin pulso, he tenido veces
que he querido renunciar, pero ya con este mes si Dios quiere la termino y sin
haber pintado nunca en mi juventud, lo miro y mas bien me parece un milagro,
alguien me está ayudando…
Tiempo feliz el que recoge esta
foto de los años cincuenta, con el ambiente típico de una fruteria de la calle
Regina. Feliz tiempo pues, en el que las mercancías en la vía pública no
molestaban a nadie como lo hacen ahora, feliz lienzo de Murillo, el de los delantales inmaculados
y el de las sonrisas, cuando significaba más ser que tener, feliz tenderete montado con cajones de madera
y canastos de caña, feliz el chaval que muestra el platillo con la ganancia de
sus propinas, feliz precio el de las chirimoyas a 6 pesetas kilo y castañas de
la sierra a 2,75, feliz anaquel repleto de cartuchos de papel de estraza, feliz
rótulo de una tienda de calzados ¿Carmelo Orozco?, feliz quien, talonarios en
mano, nos ofrece lotería de Navidad de la Hermandad de los Gitanos. Y… ¿cómo no
va a ser tiempo feliz aquel en el que un cartel pegado en la pared anuncia que Manolo Bará presenta a La Niña de los
Peines y Pepe Pinto?
Primo hermano y banderillero de Joselito, cantaor aventajado y a quien
se atribuye la creación del fandango popularizado por su pariente Manolo
Caracol.
Esta
foto, que nos aporta Manuel Benítez y en la que podemos apreciar la obesidad
del artista, está tomada en el cortijo de Pino Montano en un ambiente festivo y
torero, y donde se puede ver también arriba a la derecha, al matador Fuentes
Bejarano.
Enrique el Almendro con Niño Ricardo
Está
cantando, sobrado de acompañamiento, ya que que no hará falta decir que es el
maestro Niño Ricardo el que le toca. Agradezco pues, a Manuel este documento
puesto que son pocas las imágenes de Enrique en su senectud. Murió el 30 de marzo
de 1959, según reseña del diario ABC que se acompaña.
Esta orilla del río es de los
lugares más fotografiados desde que, a mediados del XIX, se pudieron hacer portátiles los equipos
de fotografía, llevarlos al muelle de la sal, y captar desde allí nuestro puente
o el panorama amable que ofrecen el caserío y las torres de nuestras
parroquias.
Desde entonces, desde que se
descubriera la sensibilización a la luz de algunas sales de plata y la
consecución posterior de fijar el resultado sobre vidrio, madera o cartón,
la historia de la fotografía ha recorrido un largo y fructuoso camino,
hasta desembocar en la digitalización de las imágenes. Algunos viejos
fotógrafos dicen que se ha perdido el encanto de jugar con las matizaciones, la
búsqueda de enfoques y la magia de, a través del talento personal, hacer arte
de esta técnica de plasmación de la realidad y el paisaje para disfrutarlas
cada vez que nos apetezca, al volver a mirar la obra. También se dejaron de
utilizar las cerillas y hoy seguimos encendiendo con mecheros. Todo cambia y a
todo se le puede sacar punta.
Escuché en la presentación de
una exposición de mis admirados Salazar y Bajuelo, que la fotografía, es el
arte de pintar la luz, no ya por su etimología, foto-luz grafía-pintura, sino porque existen
verdaderos artistas que realmente están consiguiendo pintar la luz sobre sus
trabajos.
En la actualidad, y dada la
facilidad y economía de los medios a utilizar, los aficionados a la fotografía
han proliferado como setas, y a veces se convierten en una molestia delante de
los pasos de Semana Santa, a los que impiden avanzar con normalidad. Tampoco es
extraño encontrar en los besamanos a las imágenes en las iglesias un horario
para fotógrafos, para que no interrumpan su orden. Y en el flamenco, se ha
llegado a organizar, habitualmente, un pase gráfico antes de los espectáculos, para
que los profesionales trabajen cómodamente.
Pregunté por los fotógrafos en
Triana, y fue Ángel Vela quien me hizo recordar los estudios que existieron…
<< a partir de los años sesenta, había uno en Pureza
que llevaba la esposa de Pedro Padilla, colaborador de la revista
"Triana" y madre del campeón de España de pesca; varios en la
calle San Jacinto (siempre fue la calle de los fotógrafos) a saber: el de
Domingo Acevedo (Doga), el de Pepe Periañez, donde trabajó el pintor trianero
Antonio Badía, el de Gasán (el reportero de Triana) y el de Arrabal (el
fotógrafo de María Auxiliadora), estos dos existen aún. Y en Manuel Arellano
estaba el estudio de Miranda, yerno del torero Joaquin Rodríguez "Cagancho"
y padre del Miranda que está establecido en Pureza.>>
Y como no menciona el de Ratasi,
en la calle Flota, donde tantos niños de Triana nos hicimos nuestras primeras
fotos, pues pongo ésta, para que conste
Foto de mi primera comunión en un estudio trianero
No les haría falta mucha
inspiración a los hermanos Alvarez Quintero, para componer este soneto a la
belleza de la Argentinita. Baste sólo con mirar su cara para que las musas
sobren. O falten.
Este Domingo, 30 de Noviembre, a las doce del mediodía,
invitado por la Asociación belenista La Roldana, haré una pequeña exaltación de
la Navidad, dentro de un acto donde se presentará el cartel anual de dicha Asociación.
Espero que acudan todos mis amigos.